Actualizado 21 / 11 / 2019

buscar en guerrillero

Facebook Twitter Twitter Youtube  Rss 

22ºC
31ºC
Estado del tiempo en Pinar del Río

Feminismo, senderos de conciencia

Yo no me llamaría jamás, una feminista a ultranza. Conozco las potencialidades de mi género y lo multifacéticas que podemos ser las mujeres, pero todos los extremos son malos. No debemos, quienes queremos defender nuestros derechos, llevar a excesos inversos, la segregación de sexos que históricamente nos impuso el patriarcado.

Creo en nosotras y nuestra fortaleza, solo no comparto la visión de emancipación femenina enfocada hacia la postura de que, para ser aún más independientes, tenemos que comportarnos justamente igual a los hombres; tanto en equidad para empleos y salarios, como para comportamientos libertinos que de un lado u otro (aprobados socialmente o no), son incorrectos.

La conciencia colectiva de género debe llevarnos a pensar en nosotras como entes sociales de cambio de las concepciones machistas impuestas hasta ahora, sin incurrir en la propia discriminación que ha desafiado a nuestros derechos a lo largo de la historia.

Hace unos meses, cuando se aproximaba el día de los padres, encontré en Internet un post referido a la fecha, como día del patriarcado; una manifestación extremista de quienes quizás todavía piensan que “padre es cualquiera” aunque haya muchos que son tan capaces como las madres y merezcan un reconocimiento familiar como lo tienen ellas.

Por otra parte, a ese feminismo desaforado aún le quedan sesgos intrínsecos de machismo, al menos en Cuba que es la parte que conozco, manifestados claramente en el hecho de que si todos vamos en un ómnibus, las mujeres sentadas aún esperan por la “caballerosidad” para ceder un lugar a una similar suya, a veces sin siquiera inmutarse ellas mismas para donar su asiento a otra que lo necesita. Aún esperamos porque sean los hombres quienes lo hagan, aunque ninguno de ellos conoce tan bien como nosotras, los contratiempos que sufren nuestros cuerpos en condiciones adversas. Si vamos a hablar de solidaridad femenina, que sea un clamor común con el que seamos consecuentes.

Ya en Cuba no hay que luchar contra el sexismo institucionalizado, manifestarse por los derechos laborales o la aplicación del aborto en embarazos no deseados; pero hay una lucha aún más discreta, de proporciones más individuales y concientización de las relaciones de poder y el trato informal en situaciones cotidianas, que nos hacen conceptualizarnos en una desventaja ínfima con respecto a los hombres; pero desventaja al fin.

Esta situación pasa por el simple hecho de destinar el plato fuerte de mayor tamaño al hombre de casa, luego al hijo, la abuela y así sucesivamente hasta colocarse una misma en la base de una cadena que pesa en gran parte sobre sus hombros; o por aquel detalle cotidiano que he apreciado en varias parejas, en las cuales la mujer usa para rasurarse, solo las cuchillas que ya su esposo tiene en desuso. Si esa no es una relación de subordinación, no conozco una más clara.

Son solo pequeños detalles, de los cuales me hago eco para llamar a la conciencia, no solo de las mujeres sino de aquellos hombres que son capaces de tomar distancias de su formación cultural y social para analizarla con un enfoque de igualdad de género, que no lleve a los extremismos pero que sí ayude a la formación de una sociedad inclusiva sin necesidad de feminismos o machismos para validar posturas de respeto dentro de ella.

Sobre el Autor

Vania López Diaz

Vania López Diaz

Periodista y fotorreportera del Periódico Guerrillero.

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar

Red 2.0

Aplicación móvil
Extensión para su navegador

Periódico Guerrillero