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Los «cuándos» y la democracia que queremos

El sentido de lo oportuno tiene dos perspectivas muy diferentes: una de quien realiza la acción y otra de la persona a quien esta afecta; de modo que lo que unos consideran pertinente hacer, tendría la percepción contraria ante los ojos de otros. Sin embargo, hay momentos y responsabilidades sociales que no deberían estar sujetas a tales subjetividades.

¿Quién decide cuándo o cómo es adecuado hablar de las cosas que nos afectan?, pareciera que algunos dirigentes.

Cada uno de nosotros lo ha visto en múltiples escenarios, como si ellos se arrogaran el derecho de elegir para el pueblo o sus subordinados los tiempos específicos para hacer planteamientos «incómodos».

Ya sea porque la reunión era para discutir un tema y algún trabajador expresó una preocupación individual o colectiva que no tenía relación directa con el debate o porque pareció inoportuno que estuvieran presentes «factores» de rango superior en el instante de ventilar problemas de otra índole; la respuesta tiende a ser la misma: «Este no es el momento de hablar sobre eso».

Yo me pregunto en cuál manual de preparación están escritos los «cuándos», porque la mayoría de los simples mortales no los conocemos; pero sí sabemos del derecho que nos otorga la democracia de tener dirigentes que representen los intereses genuinos del pueblo y den respuesta cabal a las situaciones que puedan surgir.

Las contestaciones, si son para orientar al individuo sobre los procedimientos adecuados para solucionar el problema, no pueden estar encabezadas por un «no es el momento». Perderían entonces toda fuerza y sentido de liderazgo ante los afectados.

Desgraciadamente aún hay quienes no son conscientes de cuán delicada es su posición, de que el pueblo siempre tiene inquietudes y a veces no sabe a dónde dirigirse. Es en ese preciso instante en el que el sentido de lo pertinente cobra importancia en la función social que les ha sido encomendada.

Esa es la oportunidad real de hacerse útil, confiable, no de pensar en si es adecuada la reunión o que sus superiores escuchen de problemas «menores». Cuanto antes entiendan que cualquier momento/escenario/visita es adecuado para resolver las preocupaciones de las personas a quienes se deben, más pronto tendremos los resultados esperados, el apoyo necesario, la satisfacción colectiva.

Saber cómo comunicar soluciones sin coletillas que incomoden a la masa, es un arte que pasa por la delicadeza para tratar al prójimo, las competencias de cada cual, el conocimiento a fondo de las problemáticas que afectan a quienes echan a andar este país cada día, que somos todos.

Hay que escuchar con receptividad suficiente y no estimar cuáles son los «cuándos» en que puede darse determinado planteamiento, porque nuestra democracia nos exige ser flexibles en pos del bienestar común, porque la rigidez genera incompatibilidades y engulle la esencia de los buenos líderes, esos que necesita el pueblo de Cuba para dar continuidad a su obra.

Sobre el Autor

Vania López Diaz

Vania López Diaz

Periodista y fotorreportera del Periódico Guerrillero.

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