Actualizado 15 / 10 / 2019

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¿Las colas crean hábito?

El inventor de las colas las hizo teniendo en cuenta el principio del embudo, cuando hay que meter a muchas personas ordenadamente en un lugar con poco espacio.

La estrechez provoca abarrotamiento afuera si los administrativos de adentro no cooperan. Ello es notable si usted como administrador de un establecimiento comercial recibe una mercancía codiciada y no crea las condiciones: entonces la cola al organizarse se hace tan larga como la del cometa Halley.

Las personas se incomodan cuando llegan productos de alta demanda y solo a dos o tres empleados les encargan estibar, empacar y realizar la venta, mientras el resto permanece como simples espectadores.

Incluso, si se trata de artículos que no requieren ser pesados ocurre lo mismo o peor, porque siempre hay muchos mirando y pocos haciendo; sencillamente, a ellos les corresponde vender otra cosa.

He escuchado justificaciones como que hay productos delicados y no todos los pueden despachar, entonces, cómo los contrataron si no son de entera confianza.

Hay otros métodos de formar una cola artificial. Por ejemplo, cuando llegan artículos que deben ser pesados o contados y hay que esperar a que se baje el último paquete para comenzar el conteo. ¿Cómo es posible que al administrador no se le ocurra tomar una primera porción, hacer el procedimiento que corresponda y comenzar a vender? Se puede recibir, procesar y simultáneamente vender. Supongo que más que celo al controlar es falta de previsión para operar.

La cola no es exclusiva de nuestro país: en todo el mundo se hacen filas, como le llaman allende los mares. La diferencia es que los administrativos y empleados buscan eficiencia, celeridad y prontitud para que los clientes no pierdan la paciencia y abandonen el propósito de comprar.

Los otros enemigos de las colas son los oportunistas, que valiéndose de artimañas violan el derecho ajeno para ser los primeros; otros son los amigos de los empleados que reciben privilegios, y así, el número cinco que usted creía que tenía, quizás se convierta en un 15 o 18, porque los vividores lo predijeron desde los tiempos bíblicos al dar valía a que «los últimos serán los primeros».

Los cubanos nos hemos superado en todos los aspectos de la vida, con excepción de las colas… después de tantos años no hemos aprendido a hacerlas. ¿No se ha fijado usted que el recién llegado busca el último al principio, bien pegadito a la puerta?

Hay varios tipos de «inteligentes» que se las saben todas: por ejemplo, el supuesto minusválido, que hace uso de un derecho que no le pertenece, aunque posee un carné que se lo avala. Están las que llegan con un niño de brazos y además de la mamá aparecen la abuelita y el tío que va a cargar la jaba; la pregunta se impone ¿y con tanta gente el bebé no pudo quedarse en casa y uno de ellos hacer la cola?

Imagino en lo que están pensando que falta aquí: sí, sí, en las coleras profesionales que venden turnos, compran a nombre de otros o revenden el fruto de su labor en tu propia cara vuelven a marcar reiteradamente y cuando se juntan cinco, se apropian totalmente de la cola y capturan la mayor parte de los productos codiciados.

Todo eso engorda la cola, como si fuera una anaconda y esas indisciplinas no reciben una respuesta, porque se ha acuñado la expresión entre los administrativos de los establecimientos que ellos «no organizan la cola».

Estas indisciplinas no son solo en las bodegas, mercados y placitas, están en centros de servicios, de trámites y en cualquier sistema comercial y de transporte y hasta en las unidades de Salud.

La gente ha olvidado que el respeto al prójimo está por encima de sus sistemas contables, estadísticos y administrativos. Sí, hay que llevar tarjetas de inventarios, escribir modelos y cobrar, pero la burocracia debe ser compensada con una mayor premura del servicio o ideando soluciones.

El ejemplo no debe ser tomado por lo sucedido en una unidad bancaria, donde necesité cuatro horas y media para solicitar un servicio, pues según me explicaron «eso es parte del sistema». Y me pregunto, ¿para qué se creó la informática y la automatización?

Sobre el Autor

Ramón Brizuela Roque

Ramón Brizuela Roque

Licenciado en Periodismo Universidad de La Habana 1977. Premio Provincial por la Obra de la vida, 2013.Fue redactor reportero en Juventud Rebelde y Trabajadores; colaborador asiduo en Radio Guamá y TelePinar.

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