Actualizado 23 / 08 / 2019

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Peligrosas redes de la banalidad

Un colega periodista me comentó en cierta ocasión que un perfil de Facebook viene a ser algo así como el portal de una casa. La analogía me pareció graciosa y por un momento visualicé las casas de mi barrio, a mis vecinos adosando con precinta las paredes de las fachadas, sus fotos familiares, sus recuerdos más íntimos, imágenes de sí mismos luciendo frente al espejo una ropa nueva, bañándose en trusa en la playa de Bailén o comiendo masas fritas el 31 de diciembre.

‘ ¡Qué loco este mundo nuestro!‘, reflexioné entonces. Qué gente más rara somos los internautas cuando bombardeamos a los otros con instantáneas de la cotidianidad, flashazos de una vida idealizada y perfecta que no existe más allá de los ordenadores.

Tampoco se trata de demonizar las redes sociales. Las ventajas de su uso son innegables: abren canales alternativos de comunicación, permiten la interacción social, el contacto con los seres queridos en la distancia, el intercambio de conocimientos e información y el aprendizaje; sin embargo, hay un lado bastante turbio que no podemos ignorar.

Muchas veces estas plataformas son usadas para difundir fotografías y videos atroces sobre accidentes y muertes. Algunos testigos, lejos de auxiliar a las víctimas, prefieren documentar su sufrimiento. Otros se suman al morbo de copiar y compartir dichos contenidos.

Pudiera pensarse que esta realidad no se hace extensiva a Cuba, debido al acceso todavía limitado de la población a internet; pero hay evidencias que muestran lo contrario, imágenes circulando en la web o replicándose de celular en celular, como las del accidente ocurrido en el malecón habanero el pasado mes de mayo.

Por sí solas las nuevas tecnologías de la informática y las telecomunicaciones no constituyen un peligro. Por si solas no laceran la psicología de las personas. Su inocuidad o nocividad depende de la mano que las use.

Ellas reproducen, en definitiva, las mismas conductas e interacciones humanas que se suscitan en el espacio físico, algunas de las cuales son violentas y degradantes; solo que en el medio digital esas actitudes resultan difíciles de controlar o penalizar.

Entre esas tendencias negativas que se suscitan en la web pudiéramos mencionar el Grooming. Los psicólogos lo describen como una estrategia desarrollada por personas adultas que, bajo una falsa identidad, pretenden ganar la confianza y el amor de adolescentes con el objetivo concreto de abusar de ellos sexualmente.

Dado el caso de que estos últimos desistan de la comunicación, entonces los abusadores amenazan con divulgar el contenido sexual que tienen en su poder.

Los niños y adolescentes son a su vez muy vulnerables al Ciberbullying o violencia virtual, que puede manifestarse a través de la publicación de materiales ofensivos (memes, fotos manipuladas, videos y comentarios individuales o grupales) dirigidos fundamentalmente a humillar a un compañero de estudios.

Esta forma de maltrato es incluso más perjudicial que la violencia física, puesto que en la casa, en el espacio seguro y cálido de su habitación, el niño se puede sentir violentado con tan solo abrir su computadora.

Cada vez son más los adolescentes cubanos interesados en existir en el ciberespacio; algunos de los cuales, influenciados por sus amistades, se incluyen en grupos que comparten contenidos banales y compiten por ver quién tiene la foto más sexy, la más atrevida, quién alcanza más likes mediante la exhibición de sus propios cuerpos.

Ante este contexto, los padres y familiares cercanos han de preocuparse por supervisar el tiempo que los menores pasan frente al internet, dialogar con ellos sobre los contenidos que consultan, los materiales que publican, los contactos que hacen. No se trata de prohibirles el acceso a esta red de redes, pero sí de regularlo, de asegurarse que esta herramienta les permita desarrollar habilidades y avivar su creatividad; pero nunca minar su inocencia.

Sobre el Autor

Susana Rodríguez Ortega

Susana Rodríguez Ortega

Licenciada en Periodismo en la Universidad de Pinar del Río Hermanos Saíz Montes de Oca.

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