Actualizado 20 / 06 / 2019

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Y ahora… ¿qué estudio?

Brenda López culminó este año el duodécimo grado. En la primera semana de junio recibió la noticia de que estudiaría Ciencias de la Información, la tercera opción de su boleta. Pero Brenda tiene un problema, ella no sabe el campo laboral de la carrera. Decidió ponerla porque le sonaba linda y se estudiaba en La Habana.

Para muchos, llenar ese documento resulta más difícil que los propios exámenes. Los alumnos deben conocer el promedio con que cierra cada carrera y valorar si tienen o no posibilidades de obtenerla, pero: ¿y si después de tanto esfuerzo, “la perfecta profesión” de sus sueños, no cumple las expectativas?

La Formación Vocacional de los educandos inicia en primaria. En los Palacios de Pioneros las propuestas de círculos de interés se reducen a Pedagogía, Enfermería, Agronomía, Veterinaria, Informática y otros que no incluyen precisamente el corte de especialidades que predominan en las casas de altos estudios. Nunca exceden de 10 las opciones y cada año disminuyen.

Las clases televisadas sobre orientación vocacional tampoco son suficientes para orientar a los adolescentes. El tiempo de trasmisión es corto, los conductores no logran explicar las especificidades de cada carrera. Además, al turno le falta un momento de debate para las posibles dudas de los estudiantes.

Otra opción para la formación vocacional son las puertas abiertas. Los alumnos visitan las diferentes facultades e intercambian con los no profesionales. Sin embargo, el fatalismo geográfico atenta contra aquellos que, también interesados, no pueden llegar a las sedes universitarias -ubicadas la mayoría en las cabeceras provinciales- y mucho menos a la más prestigiosa de estas instituciones en el país, localizada en la capital.

Pero, volviendo a las boletas, es común que a la hora de llenarlas se cometan errores. Primero, en las opciones los estudiantes lo mismo piden una carrera de letras que una de números, lo que significa que carecen de una secuencia lógica en el orden de preferencia. Segundo, la mayoría de las veces no optan por lo que realmente desean, por ejemplo, prefieren Medicina porque “la bata blanca distingue”.

De 10 opciones a llenar en la boleta solo conocen el campo laboral de algunas: las pedagógicas, médicas y las relacionadas con algunos de los miembros de la familia. Todos no pueden cumplir el sueño de la infancia, pero sería bueno que desde la primaria conocieran los requisitos de los futuros trabajos.

Este país, que otorga carreras universitarias de acuerdo a sus necesidades laborales, debe priorizar la preparación en los estudiantes desde primaria y orientarlos en ese sentido. Fomentar la vocación por las futuras profesiones en los alumnos es una necesidad.

Al respecto, la Organización de Pioneros José Martí (OPJM), la Federación de Estudiantes de la Enseñanza Media (FEEM) y la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), necesitan integrarse y organizar actividades para disminuir el problema.

La mala elección de una carrera perjudica tanto al universitario, como al Ministerio de Educación. Cada estudiante representa un gasto al país y no conviene que todos los años, los jóvenes comiencen en una facultad para al final cambiarse y/o dejarla.

Para alcanzar una carrera universitaria, un joven estudia alrededor de 12 años (primaria, secundaria y preuniversitario), según lo establecido. Decidir erradamente la profesión de nuestro futuro, por poca orientación vocacional, es una experiencia amarga.

Sobre el Autor

Ana Alina Concepción Martínez

Ana Alina Concepción Martínez

Estudiante de Periodismo, Facultad de Comunicación, Universidad de La Habana.

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