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Pensar a Cuba

¿Qué es Cuba? Esa pregunta saltó a mi mente hace pocos días durante una discusión absurda en las redes sociales. Comprendí entonces que para algunos, ubicados en su mayoría cruzando el mar, es solo un mal gobierno, dictatorial e injusto. Para mí, es el pueblo.

Con esa convicción sostengo mis luchas internas y externas. Un país es más que tierra, recursos, leyes, parlamentos o economía. Para mí Cuba soy yo, mi familia y amigos. Da igual esté donde esté.

A seis décadas de Revolución me sorprendió cómo muchachos jóvenes se convierten en voceros de discursos arcaicos que hace mucho tiempo perdieron sentido, cómo muchos emigrantes se autocensuran, reniegan de los beneficios gozados, fustigan el criterio ajeno y resaltan mezquindades con argumentos desprovistos de razonamiento. Entonces me pregunto si odian a esa Cuba que dejaron atrás tanto como a su propia familia o a quienes compartimos un pedazo de su pasado y aún continuamos en el suelo patrio.

Cierto es que las condiciones no son las mejores. ¿Es por voluntad propia? ¿Acaso el país, en cualquiera de sus entendidos, desea las circunstancias actuales? El contexto de crisis se presta en múltiples ocasiones para la crítica, por eso vale ahora más que nunca dilucidar qué significa apostar por el socialismo.

Para ello es necesario en primera instancia la contextualización. Debatir el socialismo que tenemos y que queremos se impone por sobre todas las cosas.

Es preciso el diálogo intergeneracional para pautar objetivos comunes entre las personas que impulsaron los cambios del proceso revolucionario y soñaron la Cuba de hoy junto a quienes tienen la misión de construir un mañana que sea expresión de continuidad. Sin negar el pasado se impone pensar el hoy para construir un mañana, siempre a partir de objetivos concretos y metas alcanzables.

Pero para lograrlo, a mi entender, debemos enfrentar un reto mayor: emprender una campaña de alfabetización política.

Durante muchos años el pueblo ha vivido al resguardo de las organizaciones que rigen los procesos sociales en Cuba. La sensación de seguridad y protección provocó la inercia ante la necesidad de comprender los procesos, principalmente en las nuevas generaciones, de ahí que ante el debate afloren cuestiones que escapan de la lógica del sistema para razonar en torno a carencias materiales y mezquindades sociales.

Debemos ganar en conciencia crítica real que nos permita discernir entre lo que perjudica nuestra realidad y nuestras fortalezas como sociedad.

Para muchos el capitalismo es abundancia y el socialismo un sinónimo de igualitarismo. Por esa razón es preciso reducarnos en la carencia y el consumo, entender que un sistema social supera la cuestión material y parte del relacionamiento entre las personas: ricos y pobres, obrero e intelectuales, mujeres y hombres, niños y adultos, sociedad y naturaleza.

Muchos son los retos que quedan pendientes en la conciencia colectiva. Se impone superar los regímenes de clase (con todo lo que implica), rencantar la historia, resignificar los procesos, ganar en las claridades en las apuestas políticas, apostar por la equidad y la justicia social en las relaciones sociales, materializar los discursos y concebirlos desde nuevos códigos comunicativos, rescatar valores que fomentó la Revolución como la unidad familiar, la lucha por la no violencia, la solidaridad, el internacionalismo, el humanismo, la integración y la cooperación.

Frei Betto definió al socialismo como el nombre político del amor. Apostar por un sistema justo debiera ser la primicia, de ahí que no debemos divorciar el pensamiento del corazón y la acción. Amar y apostar por Cuba es hacerlo por nosotros mismos. Ser cubano va más allá de la presencia física, es saber que estemos donde estemos siempre habrá un pedazo de la Isla que navega en nuestra sangre.

Sobre el Autor

Loraine Morales Pino

Loraine Morales Pino

Licenciada en Periodismo, graduada en la Universidad de Pinar del Río, Hermanos Saíz Montes de Oca.

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