Actualizado 21 / 09 / 2019

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Servir para ser servidos

Enseñar a los niños, a los hijos, a vivir en sociedad es una de las máximas que todo padre debe tener, aun cuando los métodos para criar de forma correcta no están escritos en ningún manual por lo que cada progenitor tiene su propio “librito”, para decirlo de alguna forma.

Es muy importante hoy en día educar a los descendientes en el oficio de servir. Si miramos a nuestro alrededor vemos que la vida en sociedad está hecha a base de las ayudas, asistencias, favores, prestaciones, utilidades… y muchos sinónimos más que en su esencia recogen cada una de las acciones que se hacen en beneficio de los seres que nos rodean.

Dice una frase que en estos días leemos mucho por la red social Facebook: “El que no vive para servir, no sirve para vivir”, y el juego de palabras o retruécano desencadena en una verdad tajante.

Si damos una mirada a nuestro alrededor el mundo está hecho de servicios mutuos, recíprocos o compartidos, en los que unas veces somos los atendidos y otras los que atendemos y si no somos capaces de dar, cómo entonces vamos a recibir.

Hoy es muy común empatarse con personas que reclaman sus derechos de ser asistidos correctamente, y eso está bien, pero… ¿cuándo les toca a ellos el lado contrario son tan serviciales? Si esto sucediera estuviéramos mucho mejor en todos los sentidos.

Si vamos a la consulta del médico queremos, casi exigimos a gritos, que se nos atienda bien, incluso más que bien; si acudimos a la tienda pensamos que las dependientas se deben a sus clientes; y si nos falta el agua llamamos molestos a la oficia de Acueducto porque creemos que nos la deben, y efectivamente en los tres ejemplos los pacientes o clientes tienen la razón.

Pensamos que si tuviéramos la misma conciencia de servir bien al ser humano que se lo merece, entonces no habría tantas quejas de la población sobre la atención en las unidades gastronómicas, o relativas a la recogida de basura y el barrido de las calles, al transporte que pasa con capacidades y no se detiene, a la demora del surtido o de cualquier producto en las carnicerías.

Ni el periodismo escapa a este análisis porque el redactor de prensa debe ser un constante servidor de su pueblo, de su gente, solo así desarrollará su trabajo con calidad.

Todo está relacionado, es una gran cadena, donde un eslabón depende del otro y así sucesivamente. Yo te trato mal y tú lo haces peor y a la larga somos parte de la epidemia del servicio incorrecto, de la desidia por los intereses ajenos, del “qué me importa a mí si esa persona no es mi familia”.

No podemos ver el ejercicio de servir a los otros como una forma de ser –algo que se estila en la modernidad–, por el contrario, el ser humano que es solidario, compasivo, generoso, magnánimo, sensible, recíproco, responsable… se crece y sube en la escala de los verdaderos valores y desde el punto de vista social.

Todas las profesiones y oficios son un “sacerdocio”, del amor que los hombres le tengan a lo que se dedican para ganarse el sustento, y de sus semejantes depende en gran parte el equilibrio del mundo en que vivimos.

Por eso lastima el médico que no trata bien al paciente; el profesor que no explica adecuadamente los contenidos ni atiende las diferencias individuales; el mecánico que hace una chapucería o sustrae una pieza; el dependiente que roba en la pesa, o en la boleadora de helado, o que adultera los productos que consume el pueblo…

Parece un tema insignificante, pero no lo es, y todo comienza por la educación que seamos capaces de dar en la casa y de profundizar en la escuela, basada siempre en el principio del colectivismo, del sentido de ayudar, entregar, proporcionar, dispensar, dedicar, ofrecer, asistir… y muchos infinitivos más que sintetizan las relaciones entre las personas y países.

Hasta en el funcionamiento de la familia –la base de la sociedad– resulta determinante la capacidad que tengan sus integrantes para pensar en los demás y para hacer por ellos. Y si vamos a hablar de la Patria fue Martí quien nos enseñó: “Se le sirve, pero no se le toma para servirse de ella”.

Sobre el Autor

Ana María Sabat González

Ana María Sabat González

Licenciada en Español y Literatura, periodista de Guerrillero. Ha sido profesora de la Universidad Hermanos Saíz Montes de Oca. Se dedica al periodismo desde el año 1996 y aborda en sus trabajos diferentes temáticas sociales y políticas.

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