Actualizado 22 / 05 / 2019

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De la mímica a la incomunicación

Las normas básicas y elementales de la comunicación interpersonal establecen que si usted hace una pregunta le respondan, y viceversa; que, al hablar ante un auditorio, le atiendan; que sus interlocutores le miren; junto a otras “nimiedades” concertadas, de las cuales emana el respeto y la garantía de que el mensaje emitido llegue a su destino.

El hombre siempre ha tenido la urgencia de expresarse y dejar constancia de ello, en estos tiempos hay disímiles maneras de hacerlo, y sino demos la palabra a los especialistas en las TIC’s (Tecnologías de la Información y la Comunicación).

Su uso generalizado en la sociedad ha llegado a niveles en que los riesgos constituyen un elemento a tener en cuenta. Si bien los cubanos estamos entre los más rezagados en el tema, la carrera por ponernos al ritmo del mundo abre las puertas a gran velocidad y en esa premura también hay peligros.

De lo que significa el inicio temprano en el manejo de dispositivos móviles para las relaciones interpersonales se ha escrito mucho y desde estas mismas páginas, pero entre los adultos igualmente hace estragos.

Así ya es común encontrar personas que mientras les hablas no te miran a los ojos por dar una ojeada a la pantalla del teléfono, te dejan literalmente con la palabra en la boca para responder una llamada o comentar el último meme o publicación en cualquier red social ajeno al diálogo que pensabas tenían.

Están los que no viven el momento, ocupados en dejar testimonio de lo que hacen en su “perfil”, lograr el selfie que genere más like y comentarios.

Esta práctica tiene una versión muy negativa en otros ámbitos asociados a la comunicación institucional, que es primordial y posee un alto valor social e informativo, pero recordemos aquella máxima que acompaña nuestro gentilicio de que si no llegamos nos pasamos.

Y si hace algunos años las críticas llovían hacia quienes dejaban el timbre alto y en medio de una reunión el sonido interrumpía, ahora hay otras tendencias y es la ausencia parcial, para no pecar de absolutos, con la mirada, manos y atención centradas en el móvil.

En el mejor de los casos ofreciendo información de lo que acontece, aunque generalmente las publicaciones se limitan a una u otra foto y un enunciado; estas líneas no están dedicadas a periodistas y comunicadores, que eso es su competencia profesional, sino a quienes se supone participan en calidad de entes activos y pierden el sentido de su presencia.

Es un tema complicado porque demandamos transparencia, fortalecimiento de la comunicación institucional e información, pero sobre todo que las instituciones, organismos y por ende sus representantes cumplan con sus funciones, y si usted asiste a una reunión y se ocupa más de reportarla que de seguir el hilo del debate, determinar qué puede aportar o qué llevarse consigo para implementar, entonces no tiene sentido que asistiera a la misma.

Los límites entre lo idóneo y lo irrespetuoso no dependen de normas o indicaciones, es sentido común, ¿le gustaría que no le prestaran atención mientras habla? Claro que no, pero olvidamos aquel principio básico de “no hagas a otro lo que no te gustaría que te hicieran a ti”.

Y especialmente si conduce un debate o cualquier otra modalidad de diálogo es de pésimo gusto cuchichear con su más cercano interlocutor, mientras alguien habla al auditorio, pero especialmente a usted; en el mismo rango se sitúa responder al teléfono o revisar documentos sin prestar atención.

Piense en el esfuerzo que presuponía para nuestros ancestros, todavía en evolución, cuando solo contaban con la mímica para comunicarse: de descifrar un gesto dependía la vida, alimentarse o quién sabe qué. Luego el sonido gutural comenzó a respaldar ese intento de trasmitir un mensaje y también apunta a certeza que atraía a todos los miembros de la horda a decodificar la información.

¿Se imaginan el jolgorio en la caverna cuando descubrieron que se podían auxiliar con figuras?

Sobre las pinturas rupestres, asegura el eminente lingüista Shigeru Miyagawa: "Creo que está muy claro que estos artistas estaban hablando entre sí". Por su parte, el investigador de la evolución del lenguaje y decano para Aprendizaje Abierto del Instituto de Tecnología de Massachusetts lo cataloga como “Un esfuerzo comunitario".

Más tarde llegaría la escritura, las tablillas de arcillas, los papiros, los libros...

Nosotros que heredamos no solo un lenguaje sino diversidad de maneras para estructurarlo, estamos destruyendo su forma primigenia: el diálogo. Centrémonos en la palabra, en la capacidad de escuchar y responder, en la posibilidad de aprender del otro o enseñarle lo que sabemos; un mensaje carece de valor hasta el momento en que se recibe.

Es el ser humano lo esencial, que a nadie se le hubiera ocurrido llevar una roca hasta la fogata entorno a la cual se reunía la tribu para crear los pictogramas de la reunión y, aun así, hemos transitado desde los árboles a conquistar el espacio.

Sobre el Autor

Yolanda Molina Pérez

Yolanda Molina Pérez

Licenciada en Periodismo de la Universidad de Oriente.

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