Actualizado 18 / 06 / 2019

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La violencia de género: ¿algo que no nos toca?

Ella parece una mujer normal, una cubana más. De esas que se levanta cada mañana y luego de servir desayuno a la familia y dejar listas muchas de las tareas de la casa, enrumba hacia el trabajo. Sin embargo, tras las gafas Maritza (así le llamaremos) esconde un feo morado...

La golpiza que le dio su esposo la noche anterior fue bastante severa. Cada vez que él bebe unos tragos o se pone celoso por algo termina maltratándola.

Todo comenzó cuando eran novios, casi unos niños: él se puso bravo por la forma en que ella saludó a un compañero de estudios y como resultado le propinó el primer piñazo. Ella se molestó mucho, juró no volverlo a ver, pero sucumbió a la escena de arrepentimiento que él supo actuar muy bien.

Maritza aún recuerda cómo él le juró amor eterno, mientras le explicó que fue un impulso y que la culpable era ella porque se había propasado con el otro muchacho. Ese fue el gran error de su vida: perdonarlo y no acudir a la justicia a hacer la denuncia.

Luego vino el matrimonio, y nunca más faltaron los motivos para las golpizas. Ella se convirtió en un despojo, siempre tratando de enmascarar con maquillaje las marcas en el rostro y con una falsa sonrisa disimular las huellas en el alma. Pasó a ser un fantasma que escondía a todos su verdadera realidad, incluso a su familia...

Miedos, sentimientos de culpabilidad y una subvaloración hacia su persona siempre la hicieron aguantar el círculo vicioso en el que cayó. Le faltaron las fuerzas y la decisión para romper con todo y volver a empezar.

Atrás quedó la Maritza alegre y sus sueños de tener una familia feliz. Ni siquiera se siente mujer y mucho menos una profesional: su título universitario poco significa para su pareja, quien ve en su mujer solo un objeto sexual y un despojo que maneja una escoba y un plumero a la perfección.

Por desgracia, esta historia a veces es más común de lo que imaginamos. La violencia en sus caras más voraces: la del maltrato físico, sexual, físico y hasta económico puede ser la protagonista de muchas vidas femeninas en las intimidades de los hogares.

En Cuba se ha luchado y accionado por años para que las mujeres logren su total igualdad con respecto a los hombres, sin embargo, el fenómeno de la violencia contra las féminas es una realidad mientras haya una sola a la que se le vulneren sus derechos y se le pisotee su autoestima y dignidad.

Positivo es que hoy, a diferencia de hace un tiempo atrás, se reconoce la existencia del fenómeno y se sabe que tras la intimidad del hogar hay un mundo que puede ser peligroso para la mujer, no solo desde el punto de vista psicológico sino también para su integridad física.

Lo bueno es que el silencio se ha roto y el tema se trata en los medios y en otros círculos y ese reconocimiento es un eslabón fundamental para ayudar a la solución del problema.

Las mujeres cubanas deben ser conscientes de que viven en un país que les reconoce desde el punto de vista jurídico sus derechos, por tanto tienen que aprender a usar las herramientas que están instrumentadas para su defensa.

Lo primero que hay que hacer si viven una situación de este tipo es solicitar ayuda y para ello pueden acudir a las Casas de Orientación de la Mujer y la Familia, instituciones creadas por la Federación de Mujeres Cubanas. Allí un grupo de especialistas las auxiliarán para resolver su problema desde el punto de vista social, psicológico y humano. Además, los hijos recibirán atención de ser necesario.
También existen otras instituciones como las oficinas de atención de la Fiscalía General de la República y las estaciones de la Policía Nacional Revolucionaria, a las que las víctimas pueden acudir.

Lo cierto es que la historia del inicio, una de las que puede existir detrás de las puertas, en el silencio profundo de un hogar, porque a veces la instrucción no basta ni las leyes ni los códigos que protegen la niñez y a la familia, y es entonces cuando el amigo, el vecino, el compañero de trabajo más cercano puede ayudar y aconsejar, porque de una vez debemos de dejar de ver la violencia como algo que no nos toca y como algo lejano.

Sobre el Autor

Ana María Sabat González

Ana María Sabat González

Licenciada en Español y Literatura, periodista de Guerrillero. Ha sido profesora de la Universidad Hermanos Saíz Montes de Oca. Se dedica al periodismo desde el año 1996 y aborda en sus trabajos diferentes temáticas sociales y políticas.

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