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Asuntos que duelen y molestan

Mientras tarareaba la letra de “Pi es 3,14”, canción que da nombre al álbum del mismo título del grupo Buena Fe, pensé en escribir algunas líneas al respecto sobre temas relacionados con asuntos que duelen y molestan al cubano promedio.

Lo primero es dejar pautado que ser cubano significa ser crítico por naturaleza, inconforme desde el nacimiento con todo lo que nos causa malestar, o con aquello que nos perjudica directa o indirectamente.

Una vez dicho lo anterior, también es pertinente aclarar que nunca damos el brazo a torcer cuando se trata de injusticias, ineficiencias en algún servicio o maltratos diversos. En cualquiera de estos escenarios montamos el “berro” que nos caracteriza y armamos la de “San Quintín” hasta que el problema desaparezca o llegue a un término feliz.

Si esto fuera poco, no basta con que alguien nos tire el cabo o nos resuelva y nos saque del apuro del momento, pues también tenemos la tendencia de denunciar el hecho en sí ante las autoridades y órganos competentes a fin de que no les ocurra a nuestros compatriotas. Mejores ciudadanos: imposible.

No obstante, las discusiones, acaloramientos e incomodidades siempre son a título personal o por consanguineidad, pocas veces tomamos esas riendas con el mismo destino, pero ante escenarios extra. Y me refiero a las “guerras” contra lo mal hecho en el ámbito estatal. Es indiscutible.

Como he escuchado en diversas ocasiones, las ofensas y caras rojas de nuestras anteriores disputas personales, cuando del estado o la empresa se trata, se convierten entonces en balbuceos, en desidia, y en comentarios de pasillo o motines de escalera al son de aquello que “es el director quien debe echar esa pelea”, “no es problema mío” o “no voy a servirle de escalera a nadie”.

Y así pasan los días, los meses, los años, y aunque nos hagamos los de la vista gorda los problemas siguen ahí, se acumulan, nos ahogan y llegado el momento comienzan las pérdidas, los bajos salarios, y las reuniones de tres y cuatro horas para ver qué salió mal de un obviado problema diario que si es un perro nos muerde.

Todos los días leemos informes y pasan por nuestras manos documentos de pérdidas, delitos, fugas económicas, descontroles y demás. ¿Y qué hacemos? Esa es la gran pregunta.

Personalmente pienso que debemos ser más incisivos en nuestros puestos de trabajo ante las ineficiencias. Pensemos en ellas como un maltrato hacia nuestra otra familia, sí esa, la laboral. Pensemos que también eso nos hace daño a nivel personal, profesional y nacional, y como tal debemos enfrentarlas y darles el pecho como si se tratase de una falta de respeto mayúscula a nuestra inteligencia y sagacidad.

En este campo es imprescindible apelar a lo mejor de todos y cada uno de nosotros, pues la pérdida o el descontrol por solo mencionar algunas de estas nocivas figuras, repercute y de qué manera en nuestro día a día.

La desidia de nada sirve. La cotidianidad es un asunto de todos y a la altura de estas líneas de más está decir el porqué.

Debe empoderarnos más el sentido de pertenencia por la patria grande, el respeto hacia uno mismo, hacia el prójimo y hacia nuestras convicciones. Debemos ser íntimos de la ética y los valores que fraguaron millones de cubanos en el calor de sangrientas batallas.

Recordemos que hace pocos días dimos un Sí por una nueva constitución, por un país mejor, por cambios que asegurarán nuestra solidaridad, igualdad y derechos plenos.

Denunciar las costumbres impropias a todos los niveles, y no solo el personal, es inviolable, por lo que evitar los malos hábitos y procederé debe convertirse en un hacer periódico.

Quizás sea un cliché, pero siempre he creído en que dichas acciones y procederes enmascarados que dejemos pasar hoy, pueden revertirse mañana en figuras más siniestras.

Por tal motivo, parafraseando a “Buena Fe”, en este sentido ante lo mal hecho no podemos permitir ni pi, ni aguantar ni pi, porque sencillamente pi es 3,14, y a usted amigo lector, como buen entendedor con pocas palabras bastan.

Sobre el Autor

Ariel Torres Amador

Ariel Torres Amador

Licenciado en Periodismo en la Universidad de La Habana, Cuba

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