Actualizado 13 / 10 / 2019

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Entre el misterio y la ciencia ficción

Este no es el típico comentario al que tanto el escriba, como usted amigo lector, estamos acostumbrados. Las siguientes líneas no tendrán en su mirilla algún tema de inquietud poblacional ni la “bola” del momento. Al contrario, el tema a desarrollar esta vez pasa por el campo de la ciencia ficción, y hasta pudiera decirse que con un ligero toque de oscurantismo. Algo para salirse del guión y otorgar quizás un poco de humor, ¿por qué no?, a un espacio que casi siempre se nos antoja serio.

Válido aclarar, que no obstante a lo anterior, no pocos hemos filosofado, bromeado e incluso sagazmente pensado alguna vez sobre este apartado. Y es que a ciencia cierta, ninguno de nosotros ni siquiera ellas mismas, me atrevería a esgrimir, sabemos a ciencia cierta lo que esconden, cargan o llevan en sus bolsos.

En efecto: el bolso que toda mujer usa es un enigma de la ciencia y de la física por descubrir. Más que moda, estas bolsas, carteras, sacos, o como desee llamarles, permiten a ellas llevar consigo todo aquello que “necesitan día a día”.

Lejos de las satirización de las bolsas femeninas por considerarlas un “pozo sin fondo” o como dijera un amigo la “mochila de Mochilo” –aquel característico personaje de la serie animada de los Fruitis–, no podemos negar que su mera existencia desafía toda ley de la física.

Dejémonos llevar entonces y empecemos un pequeño experimento comenzando por la interrogante de ¿qué llevan dentro de tan espacioso artilugio nuestras damas? Pues investiguemos.

Agarre el primer bolso femenino que encuentre, pida permiso a su amiga, prima, tía, pareja o madre. Vamos, sin miedo. Imagínese siendo Indiana Jones en territorio inexplorado.

Si ya vació su contenido verá elementos esenciales como una agenda con muchos papelitos sueltos, carné de identidad y otros documentos legales, recibos de recarga o del pago del teléfono, monedero, billetes y varias monedas deambulantes de algún cambio. Llaves de la casa, audífonos, celular, peines o cepillos, lápiz labial y brillo, cosméticos, medicinas, gel antibacterial, presillas, lapiceros, tijera, cables USB, algún libro y un pomito de agua para el camino. Es decir, solo lo básico, lo necesario.

En caso de haber corrido con la “mala suerte” de toparse con el bolso de alguna dama precavida, pues entonces podríamos asumir nuevos elementos, aparte de los ya descritos.

Entre ellos podrían destacarse gafas de sol, las llamadas curitas, un par de chancletas, sombrilla, aguja e hilo para coser, alguna estola o quizás un tapasol, almuerzo o merienda, condones. las tan codiciadas y cotizadas toallitas húmedas, entre otros.

Pero despreocúpese amigo lector, según investigaciones científicas recientes, se ha demostrado que al parecer, los bolsos de una mujer tienen doble fondo. Y si no lo cree, una vez realizado este experimento para conocer al detalle lo que contienen, pida algo que usted sabe con certeza que no está ahí. La respuesta podrá asombrarlo.

Seguramente, también coincidirá conmigo en que cuando su compañía femenina le solicita aguantar su bolso por unos segundos, su espalda se tuerce, pudiendo incluso prever una posible luxación de hombro, algo sobrenatural, pues ella siempre lo lleva erguida. Imposible dirían muchos.

Para dar un toque final de humor a estas líneas, se dice que algunos exploradores han encontrado antiguas catacumbas inundadas de reliquias dentro de ellos, incluso hay quienes afirman que fue donde primero se escondió Julian Assange, o que al adentrarse en ellos han salido al mágico reino de “Narnia”.

En fin, para resumir, parafraseando un antiguo proverbio: “La vida es como un bolso de mujer, nunca sabes que es lo que acabas de tocar ni qué podrá salir de ahí”.

Sobre el Autor

Ariel Torres Amador

Ariel Torres Amador

Licenciado en Periodismo en la Universidad de La Habana, Cuba

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