Actualizado 13 / 10 / 2019

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El porqué de El Socialista a Guerrillero

Durante muchos años, los extranjeros que visitaban el periódico provincial, y sobre todo los procedentes del campo socialista, nos hacían la misma pregunta: “Por qué el primer diario de la Revolución en Pinar del Río se llamó El Socialista y cambió posteriormente para Guerrillero”, cuando en una secuencia histórica lógica debió haber sido a la inversa, o sea, primero la guerrilla para después evolucionar al socialismo.

A todos tuvimos que darles la misma explicación, de que nada tuvo que ver con intenciones políticas, sino con coyunturas económicas muy adversas. Trataré de hacerme entender.

El Socialista surgió como una entidad que en lo económico funcionaba como las publicaciones particulares del capitalismo: sus fuentes de ingresos debían ser las provenientes de las ventas de sus ejemplares, más los anuncios y algunos aportes de los organismos que tenían asignaciones para ello.

Como ya entonces la actividad privada era mínima, los potenciales anunciantes casi no existían y por otra parte, las ventas de un periódico a cinco centavos el ejemplar y distribuido por toda la provincia con los gastos que tal movimiento originaba, lejos de ganancias dejaba pérdidas.

Ello frenó el desarrollo de la publicación, que a pesar de tener impresión pésima, no pudo acceder a un mejor equipamiento que entonces existía en la capital del país.

De igual forma, impidió la adquisición de recursos humanos mejor calificados, pues para nadie resultaba atractivo ingresar en un centro en el cual lejos de mejorar económicamente podían empeorar su salario y las condiciones de trabajo.

Llegó un momento, allá por el año 1965, que el periódico acumulaba grandes deudas con la entidad que suministraba el combustible, con la Empresa Eléctrica, entre otras.

Esta última, en una oportunidad, envió a uno de sus operarios, quien se dirigió al director en funciones y le informó que tenía órdenes de interrumpirle el servicio por falta de pago. “¡Pues cumpla la orden!”, recibió como respuesta, y con la misma sacó el alicate que colgaba de su cinturón y cortó uno de los cables que llegaban al metro contador, dejándonos a oscuras.

Cuando en enero de 1964 ingresé a “El Socialista”, este no contaba con servicios cablegráficos directos de ninguna agencia, por lo que sus noticias nacionales e internacionales las obtenían fundamentalmente grabando a Radio Reloj o recortándolas de un periódico llamado La Tarde, que llegaba de La Habana antes del anochecer. De ahí que adquiriera la mala fama de copiador de los medios nacionales.

Esa situación había cambiado radicalmente en 1969, pues mediante un teletipo se recibían de la agencia Prensa Latina amplios boletines informativos con lo que ocurría en todo el mundo, los cuales se prolongaban hasta la madrugada.

También desde hacía un par de años se contaba con un presupuesto que permitía enfrentar los gastos en igualdad de condiciones con otros organismos.

En ese tiempo habían ingresado al medio varios jóvenes con deseos de hacer periodismo, y aunque no eran profesionales se capacitaron de diversas maneras y aportaban, frescura e interés al periódico, al punto de que salíamos con informaciones de última hora que no aparecían en la prensa nacional, favorecidos en nuestro caso por un horario de cierre que nos daba ventaja de tres o cuatro horas en relación con las ediciones nacionales que llegaban a la provincia.

Pero la gente que guardaba la primera impresión de los años más difíciles seguía diciendo que El Socialista copiaba de la prensa nacional, y ello fue lo que nos motivó a proponerle al Partido que el cambio hacia un local mucho más amplio y bien acondicionado y con un equipamiento que para nosotros era nuevo, fuera acompañado de un cambio de nombre.

Como estaban frescos los recuerdos del Che y la epopeya que lo llevara a caer en Bolivia en octubre de 1967, se optó por la propuesta de adoptar el nombre de Guerrillero.

Precisamente el mejoramiento de la situación económica y una mayor atención a la prensa, tanto nacionalmente como en la provincia, había permitido que se decidiera entregar al periódico y a la radio el edificio de un gran centro comercial que se conocía como El Mincin, construido tras el triunfo de la Revolución, en lo que hasta entonces fuera un barrio marginal, no obstante, su céntrica posición.

Con muy buenas condiciones constructivas y un sistema de impresión que permitía incorporar el color rojo al blanco y al negro vino al mundo Guerrillero, que pronto rebasaría la tirada de 10 000 ejemplares, para satisfacción de todos los que en él laborábamos.

Y aunque exista la contradicción señalada al inicio de este relato, es bueno señalar que Guerrillero marcó una nueva época, obtuvo una gran vinculación con las masas y llegó a cuadruplicar la tirada de ejemplares diarios distribuidos en sus primeros tiempos, aun cuando la cifra de potenciales lectores se redujo con la primera división político administrativa aplicada en 1976.

Sobre el Autor

Ronald Suárez Rivas

Ronald Suárez Rivas

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