Actualizado 25 / 04 / 2019

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¿Falta de visión?

Técnicamente, se considera visión periférica a la capacidad de alcanzar casi 180 grados, a partir del punto en que tienes puesta la mirada. Se sabe que hay diferencias de un humano a otro en el desarrollo de esta capacidad.

Al parecer algunos la tienen tan disminuida que su ausencia tal vez catalogue como enfermedad, y esto es ironía, pero la habilidad que poseen ciertos prestadores de servicios, para no distinguir a la persona que tienen en frente, realmente ya tiende a patología.

Los ejemplos sobran, desde la dependiente que “no te ve” desesperada entre perchas y por eso no se acerca a auxiliarte en la búsqueda, hasta la que solo escucha la voz que le habla desde el móvil mientras aguardas frente al mostrador o aquella que sigue ensimismada en sus asuntos sin siquiera notar que varios clientes hacen cola, esperando que les atienda.

Y en un centro gastronómico puede ser peor, usted levanta la mano discretamente, pero su gesto se pierde; hace un llamado con moderación y nada; le dan ganas de chiflar, gritar, patalear, porque realmente no quiere pararse a tocar ese ser irreal e intangible, ausente de la dimensión espacio tiempo en la cual se encuentra.

Sobre todo, evadido de la responsabilidad social que representa trabajar en la prestación de servicios, y no es solo asunto de los vinculados a la actividad de comercio o gastronomía, pues en otros centros el mal se propaga: recepcionistas a las que les resulta indiferente que haya personas ante su buró o funcionarios que citaron a subordinados o concedieron audiencia a la población y entran a su oficina, “sin percatarse” de estos que le esperan.
También sucede en consultas médicas, donde quien llega acompañado del galeno no ve a los que aguardan y entra “como Pedro por su casa” para hacer uso del privilegio de la amistad.

En fin, los ejemplos pueden ser muchos, incluidos aquellos conocidos o amigos con los cuales te cruzas en la calle y dejan atrás la más elemental norma de cortesía que implica un saludo.

Hay recomendaciones y ejercicios médicos para mejorar la visión periférica, sin embargo, es casi seguro que los casos antes mencionados no solucionarán el problema con ellos, pues no se trata de ángulo, sino de voluntad.

Todos queremos un país próspero, mejores salarios, mayor poder adquisitivo, más confort en nuestros hogares, vacaciones de ensueño y facilidades para solventar cualquier dificultad de la vida cotidiana, pero nada de eso se genera solo ni cae del cielo ni lo venden en algún mercado.

Es preciso construirlo desde la individualidad hacia el colectivismo, desde el ciudadano hacia la sociedad. Si yo no cumplo con mi trabajo, porque él, ella, ustedes no lo hacen, entonces no es uno, sino varios los que dejan de aportar al bienestar común.

Como dice el refrán “quien a hierro mata, a hierro muere”: su indolencia retornará hecha un bumerang a alta velocidad, que lo golpeará y dejará fuera de combate, porque son tantas las veces que alguien que no ve nuestra necesidad cierra las puertas a la solución que no alcanzarían estas cuartillas para tan extensa enumeración.

Tenemos limitaciones materiales, esas se comprenden, lo que no es posible entender es que la insensibilidad, la falta de profesionalidad, responsabilidad ante el trabajo, sean barreras que pongamos al desarrollo de la sociedad y el propio.

Las personas que no cumplen con su función por pequeña que sea, tienen problemas de visión periférica, porque no perciben el entorno en su conjunto. Esos casasolas son un lastre que nos hunden a todos, están en cualquier parte y mientras sigan obrando a su antojo será difícil transformarlos. No se trata de eliminarlos, sumar es siempre mejor que restar.

Para empezar el reclamo del derecho que le asiste por nimio que sea, y en cualquier parte, luche por deshacerse de las murallas que limitan su paso, especialmente si se disimulan tras indiferencia y mirada esquiva, porque si usted sabe dónde va, no hay razón para que alguien le escamotee la posibilidad de franquear una puerta.

Miremos a un punto fijo, sin negarnos a incorporar todo lo que está alrededor, hagamos camino.

Sobre el Autor

Yolanda Molina Pérez

Yolanda Molina Pérez

Licenciada en Periodismo de la Universidad de Oriente.

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