Actualizado 15 / 02 / 2019

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¡Qué difícil es hablar el español!

Siempre me enorgullezco de mis estudios, pues mientras más añejo me hacen los años más razones le asisten a mi padre cuando en mi infancia me recalcaba una y otra vez que el conocimiento era lo único que no ocupaba espacio, no sobraba y no podía quitártelo nadie.

Siempre fui muy avispado para los idiomas y no perdí tiempo en estudiarlos desde temprana edad. Gracias a la vida pude completar el aprendizaje de varios aparte de nuestra lengua materna, los cuales hablo fluidamente. Estos incluyen al alemán, del que aparte de los números, meses del año, saludos y demás cosas básicas solo sé decir de carretilla “Acht ketten klingen gut” que extrapolado al español es una barbaridad.

Pero sin importar cuánta pegatina pudiera (mos) tener para los idiomas, no dejo de reconocer que el español de Castilla, de Centroamérica y hasta el propio dialecto cubano, es oficialmente el idioma más difícil y complicado del mundo.

Hay quienes dicen que el ruso, otros como yo que el propio alemán, otros que si el chino mandarín y el japonés por sus famosos kanjis e incluso alguna que otra minoría diría que el árabe o el finlandés. Y para ser exactos, ninguno de nosotros estaríamos muy lejos de la realidad, pues las lenguas anteriores figuran entre las 10 más complicadas del mundo.

No obstante querido lector, le aseguro que aunque el español no aparezca ni de lejos en ese escalafón, es bastante complejo. Si aún lo duda a la altura de estas líneas, haga el siguiente experimento: sitúese a la orilla de un juego de dominó o en cualquier esquina… y solo escuche.
Ejemplos se sobran, el más clásico: piense y razone cuántos años lleva estudiándolo, ya sea lectivamente o inconscientemente mientras interactúa y se relaciona como ser social. Ahora pregúntese ¿lo habla bien? ¿Lo escribe bien?

Tomemos otro camino: cuántas frases escucha todos los días que literalmente lo dejan bota’o. Hace poco caminaba hacia la redacción cuando escuché un grito de una esquina a la otra: “Habla seco que hay esponjas”. Sin palabras. Y lo jocoso de esta historia es que así hablamos, entre jergas y dicharachos. No en balde los extranjeros que llegan a estudiar a esta isla pasan tanto trabajo, para luego de seis años en el caso de Medicina regresar para sus países hablando español al estilo indio.

Tal es así, que a veces hasta a nosotros al estar fuera de nuestra provincia nos choca el idioma. Recuerdo en una ocasión en mi beca de F y Tercera en La Habana, cuando de un balcón a otro alguien gritó “Liliana… la pluma, que se inunda el apartamento”. Más tarde descubrí que así le dicen a la llave de agua en el oriente.

Pero si se quiere arriesgar más y hacerlo más complicado, trasládese a otras regiones hispanohablantes y verá que no entiende ni papa. Recuerdo ahora una canción de Juan Andrés y Nicolás Ospina que decía algo como después de estudiar… “Cuatro meses en Bolivia / Un posgrado en Costa Rica / Unos cursos de lectura con un profesor de Cuba / Tanto estudio y tanto esfuerzo y al final tú ya lo ves / Este idioma no se entiende ni al derecho ni al revés… Qué difícil es hablar el español / Porque todo lo que dices tiene otra definición”.

Y así pudiéramos formar un trabalenguas donde en España al líquido que suelta la carne se le dice jugo, pero también al jugo de frutas le dicen zumo, y quizás el Sumo Pontífice manda en la religión, pero coincidirá conmigo que al oír esta palabra lo primero que le viene a la mente es un gordo en tanga peleando en Japón.

Asimismo, en Chile una polla es una apuesta colectiva, en cambio en España es pene; en México al pene le dicen pitillo y si regresamos a la península ibérica sería un cigarrillo, y en Venezuela tal pitillo sería algo así como un cilindro plástico o absorbente. De continuar, a dicho cilindro en Bolivia se le conoce como pajita, pero al arribar a Cuba a eso se le llamaría… a buen entendedor.

Para terminar, diríamos que chucho es un perrito en El Salvador y Guatemala, mientras que en Honduras es tacaño y en Argentina es frío. No obstante, en Chile es una cárcel y en México es alguien con el don de ser muy hábil.

Entonces, creo que ahora sí coincidirá conmigo cuando me enorgullezco de poder hablar el idioma más difícil del mundo.

Sobre el Autor

Ariel Torres Amador

Ariel Torres Amador

Licenciado en Periodismo en la Universidad de La Habana, Cuba

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