Actualizado 25 / 04 / 2019

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Al que le duele… le duele

Nunca he sido partidaria de reflejar en la prensa mis problemas particulares o lo que me suceda. Me parece que si lo hago violo algún principio de la ética periodística; tampoco suelo hablar en los comentarios en primera persona, sin embargo, esta vez creo que es necesario.

El 21 de diciembre pasado visité con uno de mis hijos la tienda La India de la cadena Caribe, ubicada en la avenida José Martí de esta ciudad, con el objetivo de adquirir un perfume. No obstante, un modelo determinado de calzado atrajo nuestra atención.

Al tratar de coger uno de los zapatos sentí que algo me había pinchado, y grande fue mi sorpresa al percatarme de que la zapatilla tenía en el aditamento de seguridad una tachuela (de dos centímetros más o menos) completamente expuesta, pero por desgracia, ahí no quedó todo…

Mi hijo rápido, y casi sin pensarlo, se probó uno de los tenis y para mi asombro, tristeza, desesperación y agonía, uno de estos elementos punzantes se le enterró de forma íntegra en la planta del pie.

No puedo explicar qué sentí, aun cuando he esperado unos días para que mi ánimo se calmara y para ser más realista, el sentimiento de impotencia todavía se mantiene. Creo que fue rabia, una rabia que se incrementó cuando en la oficina de la administración una funcionaria, que dijo ser la Comercial, expresó que las tachuelas eran necesarias para la seguridad del calzado y lo único que podía hacer era ofrecerme disculpas.

Reaccioné con genio, y debo confesar que casi de forma agresiva. ¿Quién entonces vela por la seguridad de los clientes? ¿Quién fue el responsable de poner esas tachuelas de forma incorrecta en el calzado? ¿Cuándo se van a establecer mecanismos que obliguen a indemnizar en casos de errores de este tipo a los clientes? ¿No es más importante la salud de las personas?

Nadie del establecimiento se acercó al joven afectado ni nadie fue allí para ver su pie, tampoco vi que procedieran de forma inmediata a revisar el calzado y mucho menos a retirarlo. ¿Dónde queda el humanismo?, ¿dónde el profesionalismo?

El pinchazo de mi hijo me dolió, pero más la indolencia y la parsimonia; el poder apreciar cómo el mal trabajo de algunas personas puede ser suficiente para empañar la imagen de una entidad.

Mucho queda por perfeccionar en el trato a los consumidores en nuestras redes comerciales, en las que hacen falta funcionarios y trabajadores que interioricen, de una vez por todas, que lo fundamental es el cliente y que este salga satisfecho.

Que concienticen la necesidad de ofrecerle productos y mercancías con calidad, pero también servicios eficientes, palabra que encierra la capacidad demostrada en la labor desempeñada, y lo más importante: virtud, actividad, fuerza y poder para obrar y producir el efecto ideal.

No olvidar lo fundamental, que a juicio de esta periodista es ser consecuente con el pensamiento martiano cuando enfatizó que han de tenerse en grado igual sumo la conciencia del derecho propio y el respeto al derecho ajeno.

Sobre el Autor

Ana María Sabat González

Ana María Sabat González

Licenciada en Español y Literatura, periodista de Guerrillero. Ha sido profesora de la Universidad Hermanos Saíz Montes de Oca. Se dedica al periodismo desde el año 1996 y aborda en sus trabajos diferentes temáticas sociales y políticas.

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