Actualizado 15 / 10 / 2019

buscar en guerrillero

Facebook Twitter Twitter Youtube  Rss 

22ºC
31ºC
Estado del tiempo en Pinar del Río

Favores que son derechos

Por “hacerme un favor” mi vecino, encargado de poner la música en un local arrendado para discoteca, dijo que bajaría el volumen de sus equipos para que mis abuelos pudieran dormir.

Luego de mucho debate en mi casa, contigua al referido centro, decidí salir aquella noche a reclamar lo que creí era mi derecho: un poco de tranquilidad. Entendió mi punto y respondió que, por ser mi familia y tratarse de mis abuelos, iba a acceder. Hizo una pausa, cambió el tono y con autoridad afirmó que siempre había tenido consideración cuando se lo pedíamos, pero me advertía que no tenía obligación de hacerlo.

Justo ahí, perdí toda diplomacia. Luego me fui a dormir. Dormí molesta, con la sensación de no tener jurisdicción suficiente para disponer del silencio dentro de mi casa y por tanto con mi privacidad violentada, consciente de la cabalidad de mi reclamo e impotente por no tener una autoridad presente que pudiera hacer valer mis derechos y los de mi comunidad, pues no había oficiales del orden público cerca de allí y a tan altas horas no podía recurrir a presentar mi queja en el departamento de Higiene y Epidemiología habilitado para casos de contaminación por ruido.

Todo mi razonamiento me llevó a pensar que aun cuando el sonido no supere los decibeles tolerables por el oído humano, comprendidos entre 50 y 60, se trata de conciencia cívica: si una actividad no puede permanecer en armonía con la comunidad en la que se realiza, no tiene cabida en ella.

El ruido está considerado hoy como una de las principales fuentes de contaminación ambiental y un problema de salud a nivel mundial.

Cuba cuenta con un marco regulatorio para procesar estos casos, que comprende la Ley 81 del Medio Ambiente, el Decreto Ley 141/1988, los códigos de Seguridad Vial y Civil y el Decreto Ley 200 de 1999 que establecen horarios y límites de decibeles para emitir sonidos; además de las comisiones creadas desde el 2015 para diagnosticar fuentes emisoras de ruido, cuyo trabajo se ve limitado por la falta de equipamiento como sonómetros.

La mayoría de las personas no sabe cómo acogerse a estas leyes y decide, como yo, apelar a la conciencia ajena y rogar por un poco de silencio. Se necesita la colaboración de instituciones, organizaciones y personal con recursos para frenar estos incidentes tan molestos asociados en ocasiones a la esencia fiestera del cubano, aunque el ruido no tiene nada que ver con la idiosincrasia.

El tema es serio, afecta a muchos y es un peligro para la salud y la armonía en las comunidades, sitios donde se está haciendo recurrente el fenómeno.

La exposición a altos decibeles puede causar daños en la esfera psicológica como el insomnio, dificultades para conciliar el sueño, fatiga, estrés, depresión, irritabilidad y agresividad. Es un problema medioambiental y sanitario, pero también social.

La instrucción a la población sobre procederes legales para estos casos y el contacto de organizaciones y autoridades del orden público con las comunidades para conocimiento de los asuntos que las afectan podrían controlar la contaminación acústica.

El ruido es un problema que alguna vez ha molestado a cada uno de nosotros, aprendamos a reducirlo, a defendernos, conozcamos nuestros derechos y dejemos ya de pedirlos en calidad de favores.

Sobre el Autor

Vania López Diaz

Vania López Diaz

Periodista y fotorreportera del Periódico Guerrillero.

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar

Red 2.0

Aplicación móvil
Extensión para su navegador

Periódico Guerrillero