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El tiempo que nos robamos

Nunca he estado en contra de los buenos procederes y la profilaxis sobre la salud colectiva, máxime cuando en tiempos de intensas lluvias se aceleran enfermedades y vectores por ser Cuba un país tropical con incidencia activa de los mismos.

Sin embargo, me preocupa y me duele cuando a raíz de campañas y estrategias improvisadas de última hora se apele a afectar a la población y a la economía, violando horarios y procedimientos establecidos para el correcto funcionamiento de la sociedad.

En este sentido, pienso que la producción de bienes y servicios de la economía nacional deben protegerse a toda costa y bajo cualquier circunstancia, siempre sin que se dañe algún eslabón macroeconómico.

Así está descrito en los Lineamientos de la política económica y social del Partido aprobados en el VI Congreso y en la Primera Conferencia Nacional. No obstante, reitero, me preocupa la inobservancia de muchas instituciones que continúan atropellando la eficiencia y productividad.

¿Reiterado y manido? Sí. Lamentablemente este es un asunto que se ha tocado demasiadas veces por los medios a petición popular y que aún permanece sin solución.
Ya no es solo la circunspección a lo relacionado con cierres por inventario, cuadres de caja, cambios de turno, almuerzo, días de la técnica y otros; ahora se suma el problema de la fumigación.

Este último, a entender de los pobladores del territorio, mucho más dañino que los anteriores, pues tras la fumigación debe cumplirse el tiempo reglamentario del cerrado hermético del local y luego esperar a que el humo se disipe... cuando se disipe.

Lejos de otros resquicios administrativos, esto solo demuestra falta de organización y coordinación entre entidades a nivel municipal y provincial. Ya aquí no solo entra a jugar el asunto del aprovechamiento de la jornada laboral, sino el de la economía provincial de forma dura y cruda.

Pensemos por un momento en cuánto se deja de recaudar en el tiempo que cada tienda, ya sea de divisa o moneda nacional, permanece cerrada por fumigación. Seguramente es una cifra nada despreciable.

Es cierto que la batalla contra el mosquito es imprescindible, pero esta debe ser coordinada y organizada de forma tal que no altere el ritmo de vida social ni la eficiencia estatal. Bajo ningún concepto debe entorpecerse el desempeño de unidades que tributen directamente al desarrollo financiero del territorio y el país.

Ahora recuerdo una estrategia de algunos años atrás, cuando se decidió extender de forma experimental los horarios de servicios de algunas instituciones. Desafortunadamente la idea entonces no fructificó. Mas, de persistir las violaciones, sería factible entonces restablecer esta añeja medida utilizada en gran parte del mundo.

Para concluir y repetirlo una vez más, el horario laboral debe ser sagrado, y en el caso de los centros que prestan servicios a la población sumamente inviolables. De cometerse transgresiones en este sentido, estaríamos lacerando nuestra ideología socialista y engañándonos a nosotros mismos, convirtiéndonos así en ladrones de nuestro tiempo y futuro.

Sobre el Autor

Ariel Torres Amador

Ariel Torres Amador

Licenciado en Periodismo en la Universidad de La Habana, Cuba

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