Actualizado 18 / 03 / 2019

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Sin brecha a la desigualdad

El uso de las nuevas tecnologías representa numerosas ventajas. Ello es un hecho incuestionable, pero el abuso de las mismas también lleva implícito varios riesgos, especialmente en edades tempranas.

Figuras de la talla de Bill Gates y Steve Jobs regularon a sus hijos el empleo de estos medios. Incluso, el primero de ellos sugiere que ningún menor de 14 años maneje dispositivos móviles, en ambos casos seguro que nada tenía que ver con la accesibilidad a los mismos.

Tampoco para Evan Williams –fundador de Twitter, Blogger y Medium– quien dijo que sus dos hijos, en vez de eso, tienen cientos de libros que pueden leer en cualquier momento.

Sin embargo, en Cuba es habitual que niños y adolescentes los tengan. Hace varios años el Ministerio de Educación autorizó que podían portarlos, siempre y cuando no interfirieran con el proceso docente. En la actualidad la indicación es conducir su manejo en clases para enseñarlos a darle un valor utilitario en favor de su formación.

Esto se convierte en un arma de doble filo: en primer lugar, hay profesores que abusan de ellos y limitan el desarrollo de habilidades cognitivas, por ejemplo, la realización de cálculos, ¿o es que acaso van a permitir que se auxilien de dichos soportes en los exámenes?

Más allá de los riesgos sabidos y de incidentes asociados a los mismos, el cuestionamiento a tal práctica pone la mirada en otra arista: la equidad. ¿Pueden todas las familias cubanas adquirir tales dispositivos? La respuesta es alta y clara: NO. Y es cierto que no constituye un requerimiento su tenencia, pero es muy complicado para un niño entender las razones que lo colocan en desventaja con respecto a sus condiscípulos.

¿Cuántos padres se ven apremiados por su prole a proveer este artículo porque “lo necesito en la escuela”? Aunque no sea obligatoria su tenencia ni uso, el estudiante que ve cómo facilita a sus compañeros determinados procedimientos no lo percibe en manera de alternativa sino como urgencia.

Presumimos de una sociedad en la cual existen para todos iguales posibilidades y oportunidades, logro que queremos preservar y que tiene entre sus pilares al sistema educativo. Fomentar el empleo de artilugios tecnológicos no disponibles para cada alumno o con iguales posibilidades de empleo para todos es marcar una diferencia.

Y lo lamentable es que sea sobre el acto de tener y no de ser. Sería absurdo negar la validez de tales medios para la investigación y el aprendizaje, pero si solo aprenden a teclear una palabra en el buscador del diccionario para saber su significado y no a trabajar con el texto, estaremos dando crédito a Joe Clement y Matt Miles, autores del libro Screen Schooled en el que exponen cómo el uso excesivo de la tecnología hace que nuestros niños sean más tontos.

Las clases de Computación o Informática son el espacio idóneo para enseñarlos a manejar las ventajas de tales dispositivos e incluso, socializar las aplicaciones disponibles que favorezcan su preparación en el estudio individual.

Pero que haya sido establecido como política por el Ministerio de Educación no es aprobación tácita de que esté bien. La verticalidad y cumplimiento de indicaciones ha traído consigo más de un problema a los cubanos.

En este caso atenta contra la equidad, principio rector de un proyecto social, político y económico que comenzó a gestarse hace 150 años y del que próximamente estaremos festejando el aniversario 60 de su consecución, y si hubo tanta sangre derramada para que niños y niñas, hombres y mujeres, negros y blancos, sin distinción alguna tuviéramos las mismas posibilidades, no permitamos que un conjunto de elementos electrónicos abra una brecha a la desigualdad.

Sobre el Autor

Yolanda Molina Pérez

Yolanda Molina Pérez

Licenciada en Periodismo de la Universidad de Oriente.

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