Actualizado 17 / 12 / 2018

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Los más jóvenes y la paternidad

 

Mucho se estila ahora por algunos adolescentes y jóvenes ir festejando por las noches y hacer un “tirito” de madrugada… y seguir la vida como si nada.

El “tirito” es el acto sexual, al que van en cada “ronda” con una muchacha diferente (de mutuo acuerdo), sin importar a veces ni el nombre, quién es, a qué se dedica, cómo es su carácter, qué estudia, dónde trabaja o vive, ni cuál es su modo de vida.

Solo importa en ese momento cómo luce, qué ropa lleva puesta, que swing tiene, cuántos movimientos hace al bailar, y sobre todo, qué nivel de acceso permite ella hacia su persona. Pasa la noche… tragos, sexo (protegido, mal protegido o no protegido)… y al otro día ni me acuerdo.

Hay algo que diferencia a la hembra del varón: este último se puede desentender por completo de la concepción de un embarazo (aunque no de las enfermedades), las muchachas no… y pongo los puntos suspensivos para instar a la reflexión: ¿Están conscientes los jóvenes y adolescentes que el sexo, además del placer, puede conducir a la creación de un ser humano, de un hijo?

Mucho tenemos que avanzar en el punto de vista que le estamos dando a la educación sexual en las escuelas, la casa, el entorno social y en los medios de difusión.

No basta con enseñarles a los niños, adolescentes y jóvenes los órganos de reproducción, de dónde vienen los niños, cómo protegerse, qué enfermedades están asociadas a las relaciones de este tipo… la información es importante –aunque aún no es suficiente–, pero también lo son las herramientas y los métodos que utilicemos para acercarlos al mundo del sexo. El prospecto debe ser educativo y no incitador, tentador o insinuante.

Como bien planteó la Organización Mundial de la Salud en 1983, "La educación sexual debe abarcar mucho más que la información. Debe dar una idea de las actitudes, de las presiones, conciencia de las alternativas y sus consecuencias. Debe de aumentar el amor, el conocimiento propio, debe mejorar la toma de decisiones y la técnica de la comunicación".

Lo importante de todo el fenómeno son las consecuencias. Hay un grupo de adolescentes y jóvenes que quedan embarazadas, que por una causa u otra asumen la maternidad, y que se encuentran solas –sin acompañamiento del padre de las criaturas y a veces hasta de la familia– en el largo camino del embarazo y después en la crianza del hijo. ¿Cómo entonces estamos educando a nuestros jóvenes varones? ¿Cuánto espermatozoide puede haber por ahí regado sin que ellos asuman su responsabilidad?

Existe un contenido que se estudia en Filosofía y es la relación causa y efecto, que los muchachos deben profundizar, y a esto hay que ayudarlos y educarlos. Deben tener conciencia de la concatenación recíproca de los acontecimientos, eso de forma científica, pero en la realidad hay que enseñarles que todo acto posee consecuencia y que el ser humano debe responder por sus actos: ¡He ahí la cuestión!

La otra es sentimental. Hay que insistirles a los jóvenes que más que biología y placer, el sexo significa afecto, unión, demostración, entrega y pasión, que deviene resultado y no inicio; que constituye algo sublime siempre y cuando se elija el momento, la persona y a veces hasta el lugar.

Practicar sexo por ahí, sin reparo; dejar “las huellas” sin medidas no es la mejor opción y más cuando las consecuencias pueden ser un hijo no deseado, no reconocido y mucho peor: no atendido.

Sobre el Autor

Ana María Sabat González

Ana María Sabat González

Licenciada en Español y Literatura, periodista de Guerrillero. Ha sido profesora de la Universidad Hermanos Saíz Montes de Oca. Se dedica al periodismo desde el año 1996 y aborda en sus trabajos diferentes temáticas sociales y políticas.

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