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Gato por liebre

A veces me pierdo en resquicios infinitos mientras divago sobre una sociedad mejor, sobre el respeto a lo ajeno, al otro, a la inteligencia, a la integralidad… a nosotros mismos.

Y digo esto, pues molesta un tanto observar y ser víctima de situaciones cotidianas que transcurren con total normalidad. Quizás me atrevo a pensar que ya acostumbrados a que nos timen, nos maltraten o no nos atiendan como es debido, nos da igual y así lo dejamos pasar.

Pero lo que en realidad indigna, es ser partícipes de escenarios donde se nos intenta hacer pasar por tontos, o lo ponemos nosotros por confiar en ciertos estándares sociales.

Lo anterior bien pudiera aplicarse a cualquier esfera, no obstante, me gustaría referirme a lo que a comercio en todas sus variantes se refiere.
Lo primero debería ser que al prestarse un servicio u ofertar un bien o producto determinado se tomara en cuenta a su receptor, al usuario final, a la persona. Pero por desgracia no siempre0 es así.

Doloroso es saber entonces que en muchas ocasiones se vulnere a tu persona de manera flagrante e impune.

No es ese respeto del “buenos días”, el “por favor” o el “gracias” que también hemos olvidado, sino aquel que constituye la esencia de las relaciones humanas y crea un ambiente de cordialidad. Es el de la transparencia, ese que no tiene mañas, el de la confianza y la seguridad que brinda saberse protegido.

Qué llevadero sería el día a día si no se perdieran de la jaba en el trayecto las libras de malanga, carne de cerdo y otros y si no nos esquilmaran con tácticas engañosas de productos en pomitos y potecitos.

Cuán diferente sería que al adquirir viandas en el agro estas llegaran a la pesa sin tierra o fango que aumentara en gran medida su peso, que el precio de las cebollas no fuera inversamente proporcional a su tamaño o que cada ristra de ajo no tuviera de forma intencionada par de cabezas en mal estado.

Sin embargo, esto último pudiera todavía ser entendible si se aplica la llamada ley de “oferta y demanda” tan arraigada en los no estatales de la sociedad cubana actual. Pero lo que bajo ningún concepto puede suceder es que como dice el dicho nos saquemos la rifa del guanajo.

Rara vez hago uso de mis experiencias personales para deleitar la lectura del prójimo, mas las presentes líneas lo demandan y quizás esta pequeña anécdota calce toda la verborrea anterior.

Comento de antemano que el objetivo no es inquisitivo, sino profiláctico, pues considero que, como dijera Benito Juárez: “El respeto al derecho ajeno es la paz” y en esto debemos ser intransigentes.

No soy amante de la carne vacuna, pero en mi hogar suele ser demandada, por lo que hace poco decidí comprar varios paquetes de picadillo San Jorge. Confieso que nunca antes lo había adquirido, pero al verlo reflejado en la tablilla de venta como “Picadillo de res” procedí.

Sorpresa e indignación al momento del cocinado, cuando me percaté de que lo que supuestamente había adquirido como res tenía grandes cantidades de soya en su contenido neto. En fin, había comprado para mi familia varios paquetes de picadillo con soya.

Yendo más allá de lo que constituiría un berrinche en buen cubano, me abstraigo y pienso que pudo ser un error de la administración o la gerencia o que quizás así vino de arriba.

Lo que sí es cierto es que la tablilla no ha cambiado su escritura, y tras conversarlo no he sido el único que ha caído en esta trampa de 250 gramos por 1,05 CUC.

Ejemplos como este se sobran si al final del día pensamos en ello. Y bien creo que más pudiera hacerse para alivianar la carga de un país bloqueado que todos llevamos encima. No existen mejores amigos que la claridad, la transparencia y la virtud de ayudar al prójimo, o en este caso, al consumidor.

La protección en este sentido no debe ser solo un libro de quejas y sugerencias tras una vidriera o una reunión quincenal. Debe constituir un engranaje que a la larga haga que el cliente o consumidor se sienta satisfecho y que regrese a por más. Esto es válido para todos, así no le haremos nunca juego al engañoso “gato por liebre” que tanto hiere.

Sobre el Autor

Ariel Torres Amador

Ariel Torres Amador

Licenciado en Periodismo en la Universidad de La Habana, Cuba

Comentarios   

Jose
0 # RE: Gato por liebreJose 13-12-2018 16:18
Por ejemplo Ariel lo que sucede en la terminal de Ómnibus en la salidas para los poblados, municipios y zonas rurales especificamente con la via a Luis Lazo ya pasa de castaño oscuro y si quiere saber si es verdad pase inadvertido como si fuera a viajar a Sumidero, Guane Luis Lazo, La Guira y trate de sobornar a un despedidor con 5 ó 10 pesos para que usted vea como enseguida lo pasan por cualquier puerta, también hágalo desde la cola y trate de anotarse temprano para que vea cuando llegue a la guagua está llena y cuando estos despedidores llegan a abrir para pasar la cola ya en la guagua no queda ningun asiento es decir que te anotas por gusto porque aunque tengas el primer número en cola ya la guagua está llena y no pasa nada. Estos despedidores cuando termina el día se van para su casa millonarios, sucede día tras día y no pasa nada y nadie le pone freno a esto.
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