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Premio a la honestidad

El que comunica siempre socializa y educa, por lo que este acto es una actividad consciente y social para transmitir o recibir información a través de un sistema compartido de signos y normas semánticas.

En este proceso es posible distinguir por lo menos un nivel técnico, al hacer uso de la telefonía, en el cual se analizan aquellos problemas que surgen en torno a la fidelidad en la que la indagación puede ser transmitida desde el emisor hasta el receptor, en este caso se habilita un sistema de recargas para celulares en beneficio del cliente.

La filial Cubacel de Etecsa indica en su sitio web el siguiente proceder en el rellenado de datos: “Nombre del titular y número de teléfono del celular que se quiere recargar. Selecciona la cantidad a recargar y saldrá el monto que recibirá el móvil en pesos cubanos convertibles (CUC)”.

Sin embargo, a veces se comete el error de que el número a recargar se ha dado mal, ya sea por el interesado o por el encargado del deposito, y ya sabes la implicación: pierdes el monto del dinero en divisa.

Conozco a una persona a la que le llegó una recarga a su celular. Ella muy sorprendida vio las puertas abiertas, pues como quiera que sea este era un regalo, nadie le había avisado de tal hecho, pero el dinero, más el premio del bono cayó en su móvil. Ella, sin pensarlo se puso los atuendos y fue y devolvió lo que no era de ella.

Su honestidad no la dejó apoderarse de lo ajeno, es razonable que fue justa. Pero no todos proceden así, y le reconozco sus valores porque en un caso parecido me tocó ser el perdedor.

El 20 de junio debí recibir una recarga, y por la equivocación del orden de un número de mi teléfono le cayó a otra persona, y me pregunto: Antes de pasar la recarga al móvil, ¿por qué no se comprobó el nombre del cliente?, pues al reclamar, la Empresa de Comunicaciones no se hace responsable del error, pero tampoco es capaz de enmendarlo, siendo ella la que presta ese servicio. ¿Cuál fue la respuesta ofrecida?: “El número al que se le asignó el dinero fue el dado y ese no es el suyo, usted debe ponerse de acuerdo con el usuario beneficiado”. Conclusión: la devolución del dinero o parte de él queda a cargo del talante “premiado”.

Tan pronto como la transacción ha sido completada, el crédito es aplicado por el operador a la línea, y ellos al parecer no tienen acceso a ella para retirarlo. Desafortunadamente, la gestión debe hacerse personal con el “recompensado” y apelar a su conciencia para que desembolse lo que no le pertenece.

Entonces comienza el dilema del convencimiento de forma amigable, pues la construcción de la vida se hace con educación y sentido común. Una llamada no bastó; haces otra, ya no contestó el interpelado; otra más, caso omiso… ¡Qué va a responder!, si el marrano tenía la boca llena porque comía de la mazorca ajena.

Ahí empieza a aflorar el rencor en uno. Después aflojas, porque la luz de la razón es otra. Pasan varios días pero te sigue recomiendo la deshonestidad del “beneficiado”. Al fin comunicas, haces una advertencia, pero quien te habla te disimula una sutil humildad. Entonces, la cruel intención que tejes contra el marrano la conviertes en un manso cordero: Él no tenía la culpa de que el dinero mío cayera en sus manos, pero no fue honesto, no obró con la honradez que caracteriza la rectitud del ánimo, la integridad del respeto a lo ajeno.

Este cliente que está en interconexión con el mundo violó uno de los principios que lo rigen y despilfarró las riquezas que no eran suyas.

No hay para donde virarte a reclamar, por eso otros a los que les ha sucedido lo mismo se resignan, pero la inconformidad los debe hacer reflexionar: ¿La entidad que presta este servicio no tiene la forma de verificar la entrega del producto antes de ponerlo en la telaraña de la red de comunicaciones, determinando con exactitud si eres o no el usuario? ¿Qué confianza se podrá tener en este caso ante tal prestación? ¿Existen formas por la Empresa de exigirle al “premiado” que devuelva lo que no es suyo, y si se niega aplicarle una sanción respaldada por la ley? Creo que las personas perjudicadas contarían con más confianza en el servicio prestado y no siempre el servido sería el perjudicado.

La honestidad es una condición fundamental para las relaciones humanas, para la amistad y la auténtica vida comunitaria. Esta se caracteriza por la confianza, la sinceridad y la apertura, y expresa la disposición de vivir a la luz de la verdad.

Aplaudo a mi conocida por sus valores, los cuales son de gran relevancia para alcanzar el verdadero sentido de la vida humana, porque con ella inspiramos y ganamos la confianza de los demás. La honestidad es la conciencia clara de lo que está bien y que consiste en actuar apropiadamente, sin contradicciones ni discrepancias entre los pensamientos y las acciones, esa cualidad y quienes la practican son los que deben ser premiados.

Sobre el Autor

Fermín Sánchez Bustamante

Fermín Sánchez Bustamante

Graduado del Instituto Superior Pedagógico en Pinar del Río, Cuba. Diplomado en Periodismo Internacional.

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