La prueba citológica, más necesaria que incómoda
- Escrito por Dayelín Machín Martínez
Cuando Laura supo de su enfermedad era demasiado tarde. Los doctores hicieron todo a su alcance pero no fue suficiente. En infinidad de ocasiones sus amigos y familiares le pidieron que fuera al médico, pero no quiso. La enfermera de su consultorio también hizo su parte, pero no logró convencerla de hacerse la citología. En sus manos estuvo la solución pero no tomó el camino correcto. Y por desgracia el desenlace no fue feliz. Algo parecido le sucedió a Rosa. Su suegra era doctora, y por más que le explicó fue imposible persuadirla. Unas pequeñas molestias fueron la llamada de atención y en su visita al hospital supo que necesitaba ser operada. Afortunadamente para ello no fue demasiado tarde. Historias como esas son más comunes de lo que pudiera pensarse. A pesar de la elevada preparación y conocimiento que tienen las mujeres hoy, muchas no se dan cuenta del grave peligro que corren por no querer practicarse ese tipo de examen. Es cierto que se pueden sentir incómodas, expuestas. Con deseos de que acabe rápido, de que el recuerdo no se les quede en la memoria, y en el mejor de los casos desearían poder evitar ese momento, pero ello no es razón para restarle importancia o dejarla pasar. Y no solo se vuelve una molestia para las féminas que deben practicársela. Las enfermeras de los consultorios deben llevar a cabo, en muchas ocasiones, una batalla campal para lograr que las pacientes se realicen el examen. La salud es lo principal que tienen las personas, pues es el punto de partida para todo. “Sin salud no hay nada” y su preservación debe convertirse en la premisa de todos. Esa es la razón de ser de la tan llevada y traída prueba. Prevenir, descartar, salvar. Más que rival, es amiga de todas las mujeres, aunque muchas no lo perciban o no quieran reconocerlo. Ante la cifra de aproximadamente 500.000 mujeres diagnosticadas cada año con cáncer invasivo de cuello uterino a nivel mundial, de las cuales mueren 275.000, la prueba citológica debe ser un examen al cual ir gustosas, con la certeza de estar protegiendo la propia vida, conscientes de que la clave para ganarle la batalla a esta terrible enfermedad es descubrirla a tiempo. En ello juega un papel fundamental este proceder clínico, pues es la temprana detección en mujeres para cáncer o pre-cáncer una estrategia fundamental. Y aunque finalmente todas, de manera obligatoria, pasan por ese momento, lo ideal es que vayan por su propia voluntad, y no para librarse del “teque” de la doctora, “quitarse de arriba a la enfermera” o evitar que le llamen la atención en sus centros de trabajos, amenaza a la que en muchas ocasiones es necesario recurrir para que cumplan con su deber y al mismo tiempo su derecho, de realizarse la prueba. En Cuba la salud de todos es una prioridad. Por ello las mujeres mayores de 25 años y las que comienzan relaciones sexuales a edades más tempranas tienen la posibilidad, cada tres años, de practicarse este examen, cuestión esta que por lo general no se valora, pues casi todas padecen el síndrome de creer que es una obligación, sin percatarse de los gastos en los que incurre el estado, ni darle a las cosas el valor que tienen. Sin embargo, cuántas féminas en el mundo no desearían poder contar con el privilegio, de sin costo alguno, tener en sus manos las vías para preservar su salud. La prueba citológica puede resultar incómoda para algunas féminas, pero ese es un mínimo precio a pagar en comparación con los beneficios que representa. Todas las mujeres deseamos tener una vida larga y feliz. Las más jóvenes anhelamos la oportunidad de ser madres, quienes ya lo son sueñan con ver crecer a sus hijos, y aquellas que peinan canas añoran conocer y disfrutar de sus nietos. Lamentablemente, a muchas el cáncer les arrebata los sueños, y la única manera de ganarle el juego es prevenirlo a tiempo. Lo más valioso que tiene el ser humano es la vida, ¿por qué ponerla en riesgo?
Sobre el Autor
Dayelín Machín Martínez
Licenciada en Periodismo en la Universidad Hermanos Saíz Montes de Oca de Pinar del Río, Cuba