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Diversión… pero con mesura

Ya transcurre la etapa estival, jornadas y motivos para que todos los cubanos disfrutemos junto a familiares y amigos de un merecido descanso tras largos meses de trabajo arduo.

Y es que la etapa vacacional constituye un motivo de alegría y regocijo, pues el verano en nuestro país es siempre sinónimo de energía y recreación, además de mezcla simbiótica entre el deporte y la cultura.

En estos meses de julio y agosto no solo se incrementan las temperaturas, sino también las ansias de esparcimiento y el “deseo de crecer” de los más jóvenes. Una de las vías para ello: el alcohol.

La búsqueda de nuevas experiencias y propuestas atractivas para el divertimento, hace que no solo este sector poblacional acuda a la ingestión de bebidas alcohólicas para alegrar más sus días y sus noches; mito que es totalmente descartado por los expertos en el tema, pues las bebidas etílicas no contienen felicidad.

Quizás muchos se cuestionen las líneas anteriores, debido a las pocas ofertas recreativas que se tienen a la hora de planear las vacaciones, y por ende, se acude entonces a ese enemigo silencioso.

Las alternativas juveniles y también de los mayores –del cubano típico digamos– derivan en reunirse en grupo, bonchear y “plantar un rifle” porque supuestamente con ron todo fluye, es mejor y ayuda a que el día transcurra de forma más amena.

Sin embargo, ¿esta nefasta compañera verdaderamente es necesaria para pasarla bien?

El verano debe ser el escenario ideal para la recreación sana, culta y plena, que deje valores y que ennoblezca a todo ser humano. Deben alejarse de los centros recreativos la banalidad, la vulgaridad, la chabacanería y las actitudes indecentes que el alcohol trae aparejado luego de algunos tragos.

En este periodo esencial para el descanso y el cese de actividades laborales y lectivas en su mayoría, deben tenerse en cuenta iniciativas creadoras que impulsen el empleo del tiempo libre de manera sana e instructiva.

Pensar en complementar nuestro espíritu con encuentros con la naturaleza y los placeres que esta brinda a través de combinados programas recreativos no sería una mala opción.

Excursiones, paseos a caballo, accesos a miradores, piscinas, cascadas, arroyos y saltos de agua junto a amistades cercanas y familiares no necesitan de esa “mala compañía”. El “chucho” que nos caracteriza es suficiente para reír y divertirnos en tales entornos con quienes nos rodeen.

Me inclino a pensar que un fenómeno tan nocivo como la ingestión de bebidas alcohólicas –quizás entre los más jóvenes– sea debido a la inexperiencia o de un afán equívoco de imitar actitudes frente a un determinado grupo social, situaciones y escenarios que impiden un sano juicio frente a los perjuicios del alcoholismo.

Verano y diversión no tienen por qué marchar bajo el compás de las bebidas, pues el aparente estado de bienestar o euforia que produce el alcohol a corto o largo plazo podría evitar el disfrute con óptima salud de próximos periodos estivales.

Ha sido demostrado que estos líquidos etílicos tienen efectos cancerígenos. De forma concluyente se ha comprobado la relación del alcohol con siete tipos de cáncer: los llamados cánceres bucofaríngeo, además de aquellos localizados en laringe, esófago, hígado, colon, recto y mama femenina. Los cálculos en la actualidad indican como los tipos atribuibles al alcohol en las siete zonas mencionadas, pueden constituir alrededor del 5,8 por ciento de todas las muertes por cáncer a nivel mundial.

En este sentido la New Zealand Medical Association, la Cancer Society of New Zealand y la National Heart Foundation han adoptado declaraciones de posturas basadas en la evidencia donde se desacreditan los beneficios cardiovasculares como una motivación para beber y, al mismo tiempo, resaltan los riesgos de los cánceres antes mencionados.

Lamentablemente, frenar comportamientos y actitudes mal catalogadas a modo de excusa como “bebedores sociales” no es tarea sencilla. La solución radica en la conciencia individual. Cada uno de nosotros es responsable de nuestros actos y de elegir cómo y en qué compañía disfrutar del verano.

Pero como dijera un proverbio chino: “Un viaje de diez mil kilómetros empieza por un solo paso”, el cambio está en ti.

Sobre el Autor

Ariel Torres Amador

Ariel Torres Amador

Licenciado en Periodismo en la Universidad de La Habana, Cuba

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