Actualizado 14 / 07 / 2018

buscar en guerrillero

Facebook Twitter Youtube  Rss 

22ºC
32ºC
Estado del tiempo en Pinar del Río

Pocos, pero muy dañinos

La instrucción de los hijos es hoy fuente de preocupación para muchos padres, porque a pesar de las voluntades, de las políticas, de las estrategias, de los programas y prioridades concedidas e implementadas estatalmente para fortalecer el sector educacional, es frecuente escuchar anécdotas en las que prevalecen ejemplos negativos que dañan la imagen de los profesionales de este ámbito.

De acuerdo con las experiencias, el momento en que suceden y la solución al problema, las historias transitan entre lo trágico, absurdo e indignante; desde errores de contenido garrafales hasta maltrato psicológico y para quienes enseguida dirán que es exageración, ¿no entra en esa categoría la amenaza?

Por cierto, en dicho acápite tengo una “joyita” que pertenece a las experiencias personales: “Si no se portan bien, los voy a mandar para la escuela de conducta y allí hay cocodrilos debajo de la cama”. Sin comentarios, por suerte ya no está frente a un aula.

Desde estas páginas, varias veces se ha hecho referencia a la solicitud de regalos o concesiones por dádivas materiales. Ahora hay otra tendencia y es sugerir el uso de los teléfonos celulares, lo mismo para realizar operaciones matemáticas que para reproducir ejercicios o contenidos.

La práctica en sí no está reñida con la introducción de las nuevas tecnologías, lo alarmante es cuando la dejan como única opción, limitando las posibilidades del estudiante que carece de él, lo cual es sumamente discriminatorio, además de violar cualquier procedimiento metodológico para impartir clases u orientar trabajos independientes y tareas, máxime si es de un día para otro.

Ya es un problema la dependencia que tienen los niños, adolescentes y jóvenes de estos soportes, pero si los educadores lo refuerzan, lejos de potenciar el desarrollo de habilidades como el cálculo, la caligrafía y ortografía, entonces el mal gana proporciones mayores.

Un maestro que desperdicia su tiempo de clases y solo exija que “hablen bajo para que no venga nadie de la dirección” deja de impartir contenido, los enseña a mentir y traiciona la confianza que depositan en él los padres, las instituciones, la sociedad toda encargándole la honrosa, delicada e importantísima tarea de formar a los niños.

Aunque no todos los desaciertos recaen sobre la figura que se enfrenta en función docente al alumnado, por años nos distinguió y sigue considerándose así la calidad de la formación profesional en Cuba. Para ello no se puede descuidar ningún detalle y cuando un libro de texto (Matemática, séptimo grado, página 360, ejercicio 1.2) se permite un error de la magnitud de tener escrito “embazar” por envasar, hay que pensar en por cuántas manos pasó antes de llegar a la imprenta.

¿Serían conscientes del alcance de la labor que se les encargaba?

Es inútil reincidir sobre el valor del ejemplo y lo paradigmático que resulta la figura del educador en esos primeros años, especialmente en la constitución de la tabla de valores éticos y morales. Y si nuestra sociedad apuesta por hombres de bien no los recogeremos cosechados en algún campo: hay que esculpirlos sobre esa infancia, adolescencia y juventud que se yergue en un mundo donde la adversidad es constante, hace falta entereza de alma y espíritu para enfrentarla, más, para vencerla.

Lo injusto de dedicarle líneas a estas personas que demeritan la profesión del magisterio es enlodar a quienes la magnifican, porque de estos últimos los hay y son mayoría; pero uno solo que no cumpla su cometido es ya afrenta y no merece ningún infante quedar privado del derecho a la instrucción por la desidia de un adulto, máxime cuando son cuantiosos los recursos que para garantizarlo se dedican.

Existen los mecanismos de control dentro y fuera de las escuelas para impedir que hechos como estos formen parte de la realidad que nos circunda. Adaptarnos a convivir con lo mal hecho y elevar constantemente la tolerancia ante la pérdida de valores no es fórmula eficaz.

Estamos cerrando un curso escolar y probablemente los indicadores sean muy positivos en cuanto a promoción, continuidad de estudios e ingresos a nuevos niveles de enseñanzas, ese es el fruto de la accesibilidad, pero preservarlos con altos estándares de calidad es un asunto de hoy en aras de asegurar el mañana.

Sobre el Autor

Yolanda Molina Pérez

Yolanda Molina Pérez

Licenciada en Periodismo de la Universidad de Oriente.

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar

Red 2.0

Aplicación móvil
Extensión para su navegador

Periódico Guerrillero