Actualizado 08 / 12 / 2018

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Trabas burocráticas y otros demonios del oficio

“No estoy autorizado a darle esa información!”, “¡Lo que le estoy comentando no es para publicar!”, “¡Necesito que me lo envíe para revisarlo antes de que salga!”.Las anteriores forman parte del glosario habitual de respuestas que en nuestro país continúan recibiendo los profesionales del periodismo en el ejercicio diario de su labor, pese a que está bien definido que ningún funcionario está facultado para impedir la divulgación de un tema de interés. 

Lejos de verlos como una herramienta aliada en la divulgación del quehacer de su trabajo, directivos y fuentes autorizadas de información siguen percibiendo a los medios como un enemigo al que a toda costa deben eludir.

 En aras casi siempre de “salvar su pellejo”, otros optan por brindar una versión maquillada de su gestión, lo cual puede ser más dañino que negarse a hablar con la prensa.

En esto mucho ha tenido que ver la centralización de que ha sido objeto la sociedad cubana por décadas, pues algunos no se atreven todavía hoy a brindar datos estadísticos o, hablar de las interioridades del organismo al que responden sin que de “arriba” alguien dé luz verde antes a esa petición.

Como es lógico, a ningún periodista, en ninguna parte del mundo, se le permitiría publicar cuestiones que atañan a la seguridad nacional de sus países. Sin embargo, en nuestro contexto las ganancias en divisa de una entidad pesquera, la fórmula para elaborar un producto comestible o el plan anual de bacheado de una empresa de Mantenimiento Vial pueden ser tratados como tal.

Hemos visto también, a través de los años, cómo a periodistas les son negados datos estadísticos que luego han resultado ser de consulta pública en sitios digitales como el de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI).

Ello sucede muchas veces cuando  la persona designada para atender a la prensa no tiene la competencia ni la jerarquía necesarias para llevar a feliz término esa responsabilidad.

Otra arista común en la relación entre los medios y las fuentes hoy día es la reticencia de estas últimas a sentarse nuevamente a dialogar, luego de  haber sido objeto de un comentario o trabajo de enfoque crítico que no responda a sus intereses.

En ocasiones los encargados de ser transparentes y veraces con el pueblo evaden esa responsabilidad por el mero hecho de conservar un estatus, ya que temen ser removidos de sus cargos si algo comprometedor saliese a la luz.

El General de Ejército Raúl Castro Ruz, en su discurso de clausura en la Primera Conferencia Nacional del Partido, el 29 de enero del 2012, afirmaba : “Es necesario incentivar una mayor profesionalidad entre los trabajadores de la prensa, tarea en la que estamos seguros contaremos con el apoyo de la Unión de Periodistas de Cuba (Upec), los medios de comunicación y de los organismos e instituciones que deben tributarles información fidedigna y oportuna para, entre todos, con paciencia y unidad de criterio, perfeccionar y elevar continuamente la efectividad de los mensajes y la orientación a los compatriotas”.

No obstante, es una realidad que todavía subyace en la sociedad los viejos secretismos que tanto han lastrado a nuestro modelo de prensa.

El principio del fin de ese flagelo podría llegar con la aprobación de una Ley de Prensa en Cuba, que establezca los marcos legales sobre lo que a ambas partes –medios y fuentes– compete realizar.

Hasta tanto esto no se logre, considero casi imposible que desaparezcan por sí solas las mentalidades anquilosadas y el burocratismo que nada bien hacen a un modelo socialista abocado a la actualización de todas las aristas de su sociedad.

Sobre el Autor

Victor Manuel Blanco González

Victor Manuel Blanco González

Licenciado en Periodismo en la Universidad de Pinar del Río, Hermanos Saíz Montes de Oca.

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