Actualizado 21 / 04 / 2018

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Más años, más alternativas

Claudina lo dice todo el tiempo: “Tengo las rodillas malas”, le duelen y aunque el hijo y la nuera quieren permutar el apartamento en que viven en una cuarta planta, no encuentran opciones sin tener que realizar un rembolso. Sus salarios no les permiten las cantidades que demandan, así que el universo de la anciana se va achicando y las dolencias ganan espacio en el cuerpo.

René es viudo, pasa el día solo en casa, la hija y el nieto trabajan; la pulcritud de la ropa que lleva y del vendaje que cubre las lesiones que tiene en una de las piernas, así como sus mejillas afeitadas, dan fe de que recibe cuidados; la vecina, “casi de la familia”, viene y le sirve cada día el almuerzo, él tampoco puede desplazarse muy lejos del hogar, va reduciendo día a día su movilidad.

Claudina y René son solo dos nombres de historias verdaderas, contadas con otros nombres para respetar la privacidad. Como ellos hay miles de cubanos a los que la vejez no los ha tomado desprotegidos, poseen familias, les aman y prodigan atenciones, pero los jóvenes de estos clanes, que ya tampoco lo son tanto, no logran dedicarles todo el tiempo que desearían.

Si dejaran de trabajar, limitarían más la posibilidad de satisfacer las necesidades de estos ancianos y las suyas propias, el dilema es común. Mamá o papá, ambos a veces, suman años, pierden habilidades, salud. Aunque hay deseo, disposición y conocimiento de la situación, quienes los rodean simplemente no pueden hacer dejación de las fuentes de ingresos, “porque la vida está muy cara”, “trabajando es y no alcanza”, “si vengo para la casa nos morimos los dos ¿de qué vamos a vivir?”, “si tuviera quien nos mantenga…”.

El envejecimiento poblacional en Cuba es hoy un problema, y no pocas veces se pierden fuerzas productivas en aras de cuidar a los mayores en el hogar. El enfrentamiento conlleva un enfoque multifacético, porque los programas apuntan hacia aquellos que tienen por diversas causas desventajas sociales, y es justo que se prioricen, pero hay que buscar más alternativas que aporten soluciones.

Tan necesario es asegurar una vejez digna, como que todos los que puedan y estén en condiciones de laborar lo hagan; las casas de los abuelos ofrecen una vía que ayuda en algunos de estos casos, pero no es suficiente, porque los hay que tienen restringida su capacidad de movimiento; tampoco los hogares de ancianos son la respuesta.

Tal vez podrían crearse centros donde la familia sufrague los gastos, reciban la atención que requieren, con supervisión especializada, y esta es solo una idea; lo cierto es que urge adecuar las estrategias para que estén en consonancia con una dificultad que ya existe.

Aprender a llevar los años, estilos de vida sanos y otras propuestas que promueven las autoridades de salud no bastan, aunque merecen mayor receptividad, especialmente entre quienes todavía gozan de juventud y están a tiempo de cuidar cuerpos y mentes para que el paso del tiempo, les haga menos mella.

Pero desde los hábitos alimentarios hasta los culturales atentan contra estas fórmulas, a pesar de eso, la esperanza de vida crece gracias al desarrollo de la medicina y otros factores que coadyuvan a que la longevidad aumente, en la misma proporción han de incrementarse las opciones para que cada ciudadano goce de bienestar toda su vida.

El privilegio de una prolongada existencia no debe arruinarlo el disponer de pocas alternativas para disfrutarlas, menos en un país que ha hecho de las garantías de la dignidad el centro del proyecto económico, político y social.

Por otra parte, y no menos importante, es el tema de la baja natalidad, y aquí también el aspecto monetario influye: juguetes, calzado, ropa infantil más alimentación, enflaquecen a cualquier bolsillo. Si a eso se unen dificultades con la vivienda, bajos salarios, entonces resulta complicado decidirse por crear una familia numerosa.

Las características demográficas no se cambian de un día para otro ni tampoco las estrategias de una nación, pero hay que atender con prioridad las demandas que ellas requieren. Queremos vivir más, y tener más tiempo con nosotros a los seres amados, pero que haya en ello placer.

Sobre el Autor

Yolanda Molina Pérez

Yolanda Molina Pérez

Licenciada en Periodismo de la Universidad de Oriente.

Red 2.0

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