Actualizado 13 / 11 / 2018

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Deshumanización galopante

Venía con capacidad en su interior para transportar otros pasajeros, y Silvia decidió sacar la mano con la esperanza de una “botella”.

Ella sabía que las respuestas a su pedido podían ser disímiles: un gesto que le indicara que iba en sentido contrario, que el vehículo presentaba roturas, incluso que “venía lleno”. ¿Qué ocurrió? En ese instante Silvia sufrió, una vez más, en carne propia, la impotencia que provoca el ser ignorado: el chofer y la copiloto, que por cierto la conocía, ni siquiera se inmutaron.

María Julia y otras madres estaban a las afueras del salón de parto para saber sobre sus hijas, cuando la trabajadora de admisión, casi gritando y en tono grosero, les dijo: “Oye, estoy cansada de decirles que aquí no pueden estar, cómo ustedes entienden”.

Una de ellas le explicó que desconocían esa regulación y que nadie les había dicho que el sitio de espera era el alojamiento. Nuevamente esta respondió de forma ofensiva: “Pobrecitas, no vuelan porque no tienen alas”.

En la reunión de representantes sindicales, Mirta planteó la necesidad de que los directivos se proyectaran de forma comprensiva con los trabajadores. Uno de los funcionarios presentes la interrumpió y aclaró al auditorio su función como dirigente.

Cuando esta mujer pidió la palabra para esclarecer el objetivo de su intervención, este le dijo públicamente que no discutiría con ella, que si quería “ventilaban” ese tema en otro momento.

Tal parece que muchas personas no conocen ni practican la elemental regla de oro: tratar a los demás como quisieran ser tratados, y actúan sin tener en cuenta que del otro lado quien está es una persona.

En varios escenarios he escuchado que el cubano se caracteriza por su humanismo. Sin embargo, episodios como los antes expuestos y otros evidencian que vivimos tiempos de deshumanización.
Aunque no podamos responderle siempre con un sí, porque existen regulaciones, o porque simplemente la solución no nos compete o no está a nuestro alcance, tenemos el deber de proyectarnos de forma respetuosa hacia los demás.

A las protagonistas de estos tristes episodios les molestó más el modo en el que les respondieron, que la propia negación a su solicitud. Y con razón, pues como seres humanos todos esperamos, al menos, un trato educado.

El cómo nos expresamos resulta determinante en el desarrollo de las relaciones interpersonales y de cada sociedad, pues por encima de protocolos, funciones y circunstancias está el sentido de humanidad hacia los semejantes.

Bien lo definió nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro en el concepto de Revolución cuando expresó: “...es ser tratado y tratar a los demás como seres humanos”.

Si ese chofer, esa trabajadora de admisión y ese dirigente hubiesen estado en la posición de Silvia, María Julia y Mirta, de seguro también habrían sentido las patadas de una deshumanización galopante.

Sobre el Autor

Yurina Piñeiro Jiménez

Yurina Piñeiro Jiménez

Licenciada en Periodismo en la Universidad Hermanos Saíz de Pinar del Río, Cuba

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