Actualizado 22 / 09 / 2018

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Memorias de marzo triste

 

Yo no me quito mi gabardina”, había anunciado el pinareño Evelio Prieto minutos antes de subir al camión rojo, tipo furgoneta, de entrega de recados a domicilio con el rótulo Fast Delivery; pero el calor asfixiante lo obligó a quedarse en mangas de camisa.

“No quiero que me la echen a perder llenándomela de huecos”, se justificó, medio en broma, con sus compañeros que viajaban apretujados unos contra otros en la más absoluta oscuridad, riendo a ratos o tensando los dedos fríos y sudados sobre el mango de los fusiles.

Eran poco más de las tres de la tarde. La camioneta iba en segunda posición, siguiendo a un Buick azul lidereado por Carlos Gutiérrez Menoyo y otros miembros del Directorio Revolucionario encargados de embestir los pisos superiores del Palacio Presidencial. El objetivo era ajusticiar al dictador Fulgencio Batista.

Muchos combatientes no sobrepasaron la arcada de la instalación o fueron derribados en las escaleras y pasillos interiores. Las ametralladoras emplazadas en la azotea por los guardias batistianos, impactaron a otros que intentaban dispersarse por el parque Zayas.

Una bala destrozó la mandíbula del pinareño Evelio Prieto, que logró huir a duras penas hasta la casa de un magistrado amigo suyo, o eso creía Evelio, pues aquel sujeto lo entregó con la policía. Los guardias lo torturaron hasta el final.

En tanto acontecía el asalto a Palacio Presidencial, el presidente de la Federación Estudiantil Universitaria José Antonio Echevarría, tomaba la emisora Radio Reloj. Desde una cabina de grabación habló en vivo a la gente y la voz salió caminando sola y desesperada de su cuerpo rollizo: “¡Pueblo de Cuba! En estos momentos acaba de ser ajusticiado el dictador Fulgencio Batista. En su propia madriguera del Palacio Presidencial el pueblo de Cuba ha ido a ajustarle las cuentas. Y somos nosotros, el Directorio Revolucionario, quienes en nombre de la Revolución cubana hemos dado el tiro de gracia a este régimen de oprobio…”.

MATERIA HUMANA

Armando era un niño cuando mataron a su tío materno Gerardo Medina Cardentey, jefe del grupo de pinareños que participaron en el abordaje a la residencia presidencial.

“El primer relojito que tuve me lo regaló mi tío. A veces me llevaba consigo al hotel Globo, donde trabajaba como contador. Éramos muy cercanos. Siempre se preocupaba por mis tareas escolares: ´Me dejas las libretas aquí´, decía indicando la mesita de noche de su cuarto. Luego hacía sus correcciones y me compensaba con un medio o una peseta por mi buen trabajo. A raíz del año `56 andaba oculto y lo veíamos poco”, dice Armando.

“No me importa lo que pueda pasarme, la muerte no es más que una manera de seguir viviendo”, escribió Gerardo, en carta póstuma a sus padres.

Ormany Arenado Llonch, de 20 años, ni siquiera se despidió de los suyos. Manuel y Panchita lo imaginaban rodeado de sus libros de arquitectura en el instante en que el muchacho se moría.

Cuentan que su mamá nunca cesó de esperarlo. “Deja la puerta abierta, Manuel, que ´Manín´ debe estar al llegar”, pedía a su esposo.

Estela, por su parte, contó 25 orificios de balas en el cuerpo yerto de su hermano José Manuel Hernández León, más conocido como Pepe Chepe:

“Él cursaba su último año de Medicina en La Habana y ese 13 de marzo estaba de guardia en el ‘Calixto García’. Le trajeron a uno de los asaltantes malherido y ahí fue que se enteró de lo acontecido en Palacio y Radio Reloj. No participó en los asaltos directamente; pero militaba en el Movimiento 26 de Julio y ese mismo día recibió orden de trasladar unas armas que tenía escondidas en el hospital. Tomó un auto de alquiler y cuando recorría las inmediaciones del Estadio Universitario fue detenido y asesinado por la policía. Llevaba puestas las medias que le obsequié en su cumpleaños”, recuerda Estela y agrega que a su hermano le encantaba el béisbol y era tierno como nadie.

Aquel día de marzo triste murieron además los pinareños Adolfo Delgado Rodríguez, Enrique Echeverría Acosta, Pedro Julio Esperón, Menelao Mora Morales, Celestino Pacheco Medina, Eduardo Panizo Brito, Pedro Saidén Rivera y Pedro Téllez Valdés: hombres con proyectos de vida, novias, llaveros, corbatas, medias, anillos, espejuelos, amigos, libros y gente esperándolos de vuelta a casa.

Sobre el Autor

Susana Rodríguez Ortega

Susana Rodríguez Ortega

Licenciada en Periodismo en la Universidad de Pinar del Río Hermanos Saíz Montes de Oca.

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