Actualizado 22 / 09 / 2018

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¿¡Horarios!? Cierres, inventarios y cuadres de caja

Como cualquier otro día, el despertar fue bien temprano. Acostumbro de esta forma, pues me sobra el tiempo en las preparaciones matutinas y sin apuro camino hacia la terminal para abordar el transporte hacia la capital pinareña. Además, debía llegar temprano, ya que necesitaba resolver ciertas cosas y trámites.

La mañana fue inusual. Nueve en punto y ya la tienda de venta por divisa a la que me dirigía había abierto sus puertas. ¡Qué bueno! –pensé– el día comenzaba bien. Así, continué mi jornada hasta llegar 15 minutos antes de las 12 a otra gestión. Y me sorprendí, pues no se había ausentado ninguna de las compañeras de la entidad y todas esperaban el mediodía para almorzar: mejor ni pedirlo. Por último, me dirigí otra vez a la tienda 10 minutos antes del cierre y adquirí algunos alimentos para el hogar. El día concluyó sin tropiezos ni inventarios ni reuniones entorpecedoras en los centros de trabajo a los que acudí y que tratan con clientes o usuarios. Pero... ¿y esa luz? Riiiiiiiiiiinnnnnnnnn... –Mi amor, dale levántate que te vuelves a quedar dormido y te va a coger tarde. –¡Ah caraj´! Ya sabía yo que todo había sido demasiado bueno. Lo anterior es solo un cuento, una alegoría de cómo sería la vida si todos cumpliéramos con los horarios de trabajo establecidos. Desgraciadamente nuestros días no transcurren así, sino todo lo contrario: enrevesados. Y al final todo sucede porque se argumenta que tenemos problemas, situaciones y carencias, que nada tienen que ver con la eficiencia en el trabajo, pero a veces nos da igual. Los demás, que esperen o que regresen otro día. Esto es una contradicción, pues en el Código del Trabajo de la República de Cuba no se contempla en ningún acápite o artículo, que las reuniones, inventarios o análisis perjudiquen la productividad y el trato con clientes o usuarios. Mucho menos se expresa algo concerniente a aperturas y cierres a destiempo. Todo lo contrario. Pero de igual forma se incumple lo dispuesto. En su capítulo IX, correspondiente al régimen de trabajo y descanso, en su sección primera, los artículos del 89 al 92 de este código –aprobado por nosotros– establecen que el referido horario es una medida organizativa para dar cumplimiento a la jornada laboral, expresando las horas de comienzo y terminación. Asimismo, suscribe que excepcionalmente, para determinadas actividades y situaciones, solo el Ministro de Trabajo y Seguridad Social y los presidentes de los consejos de la administración provinciales pueden cambiarlos o alterarlos por interés social o fuerza mayor. Por otra parte, fuera de los tiempos reglamentados, a los trabajadores se les concede una o dos pausas con una duración máxima de 30 minutos, determinados por el empleador para el descanso y necesidades personales, de forma tal que no se afecten las labores, ni se modifique la duración de la jornada y el cumplimiento del horario de trabajo establecido. Entonces, ¿qué sucede? ¿Qué hacer cuando nos encontramos frente a un cuadre de caja y cambios de turnos que nos perjudican, o cuando llegando a las tiendas –en tiempo– ya están cerradas por x motivos? Si hiciéramos una encuesta con esta interrogante la respuesta mayoritaria sería resignarnos; sin embargo, esa minoría restante que clama por sus derechos está en lo correcto. Ante estas situaciones debemos expresar nuestros derechos y hacerlos valer, pues como tal están dispuestos por ley. El horario laboral debe ser sagrado, y en el caso de los centros que prestan servicios a la población muy respetados. Todo pasa por la indisciplina laboral, un mal contemporáneo que será imprescindible borrar si queremos vivir en una sociedad superior. Solo recordemos que en el artículo 147 de la mencionada ley se consideran violaciones de la disciplina ded trabajo, y como tal sancionables, la infracción del horario, abandono del puesto sin autorización del jefe inmediato o desaprovechamiento de la jornada. No se diga más.

Sobre el Autor

Ariel Torres Amador

Ariel Torres Amador

Licenciado en Periodismo en la Universidad de La Habana, Cuba

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