Actualizado 17 / 12 / 2018

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De la bendición a la tragedia emocional

Aunque parezca irracional, ha sido una constante a lo largo de los años escuchar en voz de las propias madres, “yo no paro más”, “parir es lo último del mundo”, “lo que yo pasé en el parto es inhumano; hicieron que me reventara para al final hacerme cesárea”, “tuve que aguantar sola”... sin duda, un tema que significa una película de terror no solo para quienes lo han vivido, sino para quienes sueñan con la maternidad como el más sagrado de los privilegios que otorga la naturaleza.

Estos criterios son el resultado de las experiencias, que de generación en generación, coinciden en un contexto adverso, en el que dolor e incomprensión opacan el momento más hermoso para toda mujer y familia en general, pues el hecho trasciende el salón que recibe al bebé y afuera, padres, abuelos, tíos y amigos gastan las suelas de los zapatos caminando de una esquina a otra del pasillo, y hasta sintiendo “contracciones” hasta que alguien se asome a la puerta y anuncie el nacimiento. Dentro, mientras tanto, médicos, enfermeras y demás personal asisten a la que consideran ellos una actividad cotidiana.
Hace apenas un mes que la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó nuevas recomendaciones para establecer pautas y reducir intervenciones médicas innecesarias durante el parto en todos los países. Entre las recomendaciones se destacan tener un acompañante de elección durante el parto y permitir a las embarazadas tomar decisiones sobre el manejo del dolor, el trabajo y las posiciones de parto, para lo cual ofreció diferentes alternativas. Son estas medidas muy bien pensadas si son valoradas las circunstancias a las que se exponen las mujeres ante los riesgos que proporciona el evento, momento que se convierte más ameno si tenemos a nuestro lado a la mejor compañía. En los últimos años, las mujeres han reclamado por un apoyo personal continuo; sin embargo, tal bondad no ha tocado las puertas de nuestro país, pues a oídos sordos han llegado las reclamaciones de permitir a los cónyuges, familiares o amigos de las mujeres participar en este acontecimiento. Los que defienden la presencia de la familia o los amigos, expresan que estas personas puedan proporcionar apoyo incesante durante el trabajo departo, en tanto ellos ayudan a las mujeres a lidiar con el dolor y la ansiedad, de ahí que urge evaluar los efectos positivos de este apoyo en comparación con la atención médica habitual. En general, lo que una mujer siente durante el parto depende de su experiencia, actitud y conocimientos de lo que puede esperar, por tanto otra ayuda importantísima es el interés por parte de ellas, en que todo salga bien y en tiempo. La intensidad del malestar puede variar ampliamente de una mujer a otra, implica respuestas complejas: la relación causa-efecto a la hora de dar a luz en ocasiones no corresponde a una respuesta clínica; lo importante es comprender el dolor que siente la embarazada y aliviarlo, y este alivio no siempre es con analgésicos, a veces una caricia, una mirada, una palabra de alguien allegado es capaz de ayudar. Otra cuestión que lamentan las féminas en Cuba, es el hecho de no poder elegir la vía del parto, si normal, por cesárea o parto sin dolor (esta última una realidad del cine o de las que tienen un amigo ginecológico y anestesista). ¿Por qué no dejar que cada quien tome su propia decisión, una vez se conozcan las ventajas y desventajas en cada caso y sus respectivos procederes? Para las puérperas es importante entender que las causas de los traumas son absolutamente personales, es decir, una cesárea realizada de forma urgente puede ser catalogada como traumática, pero también gratificante para otras mujeres. En ello influyen las expectativas, las vivencias previas y las razones médicas, pero más aún, la calidad del acompañamiento y el trato recibido durante la cirugía. En mi criterio, que es el de la mujer cubana, es un imperativo atender a los pedidos de la protagonista de uno de los episodios más importantes del ser humano: ¡dejémosle a ellas la decisión, respetemos sus criterios, pensemos en un alumbramiento que de veras destelle luz y no un cielo sin estrellas!

Sobre el Autor

Heidy Pérez Barrera

Heidy Pérez Barrera

Licenciada en Periodismo en la Universidad de Pinar del Río, Hermanos Saíz Montes de Oca.

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