Actualizado 22 / 04 / 2018

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Apatía a pantalla grande

Desde el 28 de diciembre de 1895, el cine es oficialmente un apéndice de la vida cultural y social humana. En esa fecha los hermanos Louis y Augusto Lumière presentaron, además de otras películas de corta duración, la famosa Llegada del tren que causó el pánico en los espectadores porque creyeron que la locomotora avanzaba sobre ellos. Es exactamente ese realismo causado por el movimiento en tamaño semejante al real del que carecen la mayoría de los pinareños. Asistimos aquí a la muerte de instituciones culturales y de sus funciones originales. Un ejemplo de ello son los cines, instalaciones que transcurren por un divorcio con el invento de los hermanos franceses que a finales del siglo XIX contagiaron al mundo con la epidemia de la pantalla grande. Ni palomitas ni carteles ni “fiebre de cine” ni diciembre huele nunca a cine y mucho menos a estrenos en Pinar del Río. ¿Qué falta? ¿Cuál es la carencia? Empecemos por la parte física. La provincia cuenta con una red cinematográfica de 52 instituciones, entre cines y salas de video. Solo dos de ellas con alta tecnología: Imías de Herradura y el Praga en la ciudad capital. En otros tres hay videopro-yectores: La Palma, San Luis y Guane. Lo cual significa que, aparentemente, solo cinco de estos establecimientos funcionan según sus intenciones iniciales. Espectáculos musicales, galas, reuniones, asambleas... son los protagonistas del resto e incluso, a veces también de esos que trabajan.
Algunos fueron conquistados por los murciélagos, por el moho, el comején y una plaga que es aún más temible, que se puede llamar indolencia, desinterés, pereza e ignorancia para ser más exactos. Si las instituciones de un lugar fallan, entonces el imaginario colectivo se conforma sin las mercedes de sus funciones y sus posibilidades expresivas y cultivadoras del conocimiento. Mariela tiene 18 años, confiesa que nunca ha estado en un cine y a la pregunta de qué tipo de películas prefiere, responde –entre otras justificaciones– “las novelas y series”. Mariela y otros no tan jóvenes no verán clásicos en una gran sala oscura. Ni siquiera consumirán filmes con menor exactitud estética, para nostálgicos o los ramplones. Las posibilidades expresivas del séptimo arte van más allá de verdades y ficción en amplitud de tamaño y en compañía de conocidos y desconocidos. Se trata además de paisajes, culturas, familias, colores, fútbol, música; es un ejercicio mental y físico, un estado de ánimo. Lo contagioso de las emociones en un espacio magno no se le asemeja a la frialdad de una computadora o de un televisor, sin ánimos de negar el adelanto tecnológico y las ventajas de la apreciación audiovisual en casa. Hay otro tema que también lleva unas letras y es la selección de los filmes, en especial en el Praga que es el más populoso. La programación de los cines es controlada por el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (Icaic), quien envía a la provincia los filmes que se deben proyectar, una política cultural, a la vista, con poca intención hacia la variedad. Hay realidades paralelas que son particularidades en Pinar del Río. Una, que la gente no asiste mucho al cine, es una descostumbre y, por otra parte no hay tecnología para todas las salas que soporte los nuevos formatos. Hoy cuando el mundo no solo tiene salas 3D, sino las llamadas 4D que recrean las circunstancias de lo que refleja la pantalla como lluvia, viento, sonidos y olores, así como vibraciones en los asientos y otros efectos, en Pinar no hay suficientes videos bean para todos los centros de proyección. Falta infraestructura, evidentemente, autonomía para elegir.... Y si a todo ello se le suma la apatía, nos quedaremos al margen indefinidamente de la pasión que desata, o simplemente del mero entretenimiento de ver la pantalla grande.

Sobre el Autor

Anelys Alberto Peña

Anelys Alberto Peña

Licenciada en Periodismo en la Universidad de Pinar del Río Hermanos Saíz Montes de Oca

Red 2.0

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