Actualizado 21 / 01 / 2018

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“La vida sencillamente te sorprende”

A veces la vida da giros inesperados, de esos que retuercen las rutinas 360 grados y calan hondo, bien adentro, provocando sentimientos y sorpresas impensadas.

Silvio y Acela son dos de esas personas que se conocieron por esos azares. Él chofer de la ruta 214, y ella, aunque ya no ejerce, maestra de muchos años. Ella de un cabello plateado bañado por los años, él en plena juventud con solo 25. Dos personas totalmente diferentes unidas por un gesto de amor y desinterés.

Pasaban las cuatro de la tarde del 13 de octubre, cuando Silvio Hernández Hernández se disponía a comenzar de nuevo su recorrido entre el Obispado y la Prisión Provincial. Durante la trayectoria, “una señora” solicitó al chofer reposar su bolso entre el motor del ómnibus y el parabrisas, él accedió complaciente.

Unos kilómetros después, al llegar al fin de su ruta, Silvio se percató que el bolso continuaba allí sin que nadie lo reclamara. Esperó un tiempo prudencial y decidió partir nuevamente. Así continuó su viaje un tanto preocupado, pues el tiempo pasaba y el bolso seguía allí.

“Me causaba interés e inquietud porque no recordaba a su dueña y decidí revisarlo para verificar la procedencia y los rasgos físicos de la propietaria, siempre buscando algún documento de identidad. Y qué sorpresa, al abrirlo encuentro pasaporte, tarjetas de crédito cubanas y extranjeras, dinero, celular y otras cosas de valor”.

Un tramo adelante lo aborda la hija de Acela solicitando la pertenencia. Silvio indaga, pues aunque joven, la vida lo ha enseñado a desconfiar. “Tras varias preguntas verifiqué que sí, era la hija de Acela. Dile entonces a tu mamá que venga a recogerlo que yo lo tengo bien guardado”.

Fue entonces cuando se conocieron, Acela López Montelongo subió desesperada al ómnibus en el kilómetro tres y medio de la carretera Luis Lazo, buscando “toda su vida” como ella definiría más tarde aquel bolso.

“A mí la vida me sorprendió sabes. Ella a veces te sorprende y tuerce todos tus tapujos, creencias y tabúes. Si miras a Silvio de reojo nunca pensarías que esconde esa alma maravillosa y esos valores únicos e imprescindibles en un ser humano. Sus dientes de oro, sus prendas y su juventud, nunca lo harían favorecedor de confianza, pero ya ves, la vida te sorprende”.

Acela no se conformó con una simple “gracias” y una amistad ofrecida, pues para ella aquel gesto era digno de conocerse. Se dirigió entonces hacia la Empresa Provincial de Transporte donde contó la anécdota a todos los interesados con el fin de que le reconocieran públicamente a Silvio su obra.

“Y así fue como llegamos aquí, al periódico, porque historias como estas no pueden dejarse pasar, las personas deben leerlas, conocerlas y saber que todavía, con los tiempos tan difíciles que corren, quedan seres maravillosos como Silvio”, aseveró Acela.

“Todo el mundo no piensa igual, sería irracional. Pero también lo es apropiarse de algo que no nos pertenece, y que le costó sacrificio a esa otra persona. Pienso que debe hacerse el bien sin mirar a quien por muy cliché que parezca, porque al final siempre te retribuirán el afecto, el respeto y el cariño que seas capaz de ofrecer. Me gustaría que como obro yo para con los demás, también obraran conmigo” afirmó Silvio.

Y Acela sentenció: “A él y a mí nos unió el destino y forjó un sentimiento que será duradero, y aunque nos vemos poco, desde ese día ambos sabemos que somos amigos, y para mí es muy importante”.

Sobre el Autor

Ariel Torres Amador

Ariel Torres Amador

Licenciado en Periodismo en la Universidad de La Habana, Cuba

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  • Invitado - Miguel Barradas

    Hola, Ariel. Llegué aquí por una visita a la página de la Universidad Pinar del Río y me ha agradado leerte. Justo ayer charlaba con un amigo sobre las nuevas dinámicas familiares y el acomodo armónico a ella y me decía: a veces me gustaría que sucediera algo repentino (creo que planteaba algo trágico) para que nos volvamos a unir. Ahora pienso en lo que escribes y creo también que sencillamente la vida de repente te sorprende, en cualquier momento algo puede suceder que te cambie completamente la rutina, para bien o para mal, ciertamente. Lo que intento pues (léase como intentos) es disfrutar harto la vida cotidiana, porque ahí tambien todo está sucediendo, intento estar atento a lo más ordinario, intento hacer visible lo cotidiano, lo ordinario, el movimiento de los árboles que veo desde mi lugar de trabajo, el olor de la cafetera, una moneda tirada en mi camino, un gesto, los besos que se están dando mientras yo escribo este mensaje.. La vida sencillamente te sorprende. Gracias por tu nota. saludos de corazón desde Veracruz, México.

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