Actualizado 21 / 11 / 2017

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Lucha tu vida… sin afectar la nuestra

A veces me cansa escribir de los mismos problemas. Me indigna recitar las mismas jerigonzas y palabrerías día tras día en todo escenario posible. Algunas de estas dificultades suelen corregirse, otras sencillamente de tanto manosearlas se hacen cotidianas, banales e intrascendentes.

Sin embargo, luego, al salir a la calle, una fusta de portales, carretillas y otros tantos negocios me estrujan el bolsillo y recuerdo entonces que no debo claudicar al combate de todo escriba. Me percato de inmediato que para seguir enfrentando estos males, debemos continuar usando dos poderosas armas: la crítica y la autorreflexión.

Como todo cubano en plena actividad constructiva de su vivienda, desando diariamente las calles vueltabajeras y las de mi municipio siempre atento a “lo que pueda aparecer”, pues todos los días necesito algo diferente.

A veces tan solo es un tornillo, un breaker, o nudos, uniones y codos de plomería. Cables eléctricos de diferentes medidas y sus tubos correspondientes también son faltos. Elementos todos que supuestamente deberían coexistir en los puntos de venta de materiales para la construcción, pero que demasiadas veces son esquivos.

Y es en ese punto de búsquedas donde confluyen todos mis conflictos y temores, en encontrar ese “algo”, pues siempre aparecen en sitios no oficiales donde la “mordida” es grande, y como todos sabemos el que sufre es el bolsillo.

No para de llamar mi atención que de forma casi milagrosa la mayoría de las ocasiones aquello que preciso puedo encontrarlo en los llamados catres o mesitas. Lo que sea, solo se debe preguntar.

Por supuesto, muchos de dichos artículos no se exhiben a simple vista, pues su fabricación dista mucho de ser artesanal como dicta la ley para este tipo de negocios.

Y es curioso también percatarse de que el tema de la revisión de las reventas de artículos procedentes de las tiendas recaudadoras de divisa en estos stands improvisados sea por etapas o por furias, como dice el dicho.

Sí, por campañas, pues cuando buscas algo te dicen –lo tengo, pero ven más tarde que hoy la cosa está mala–, supongo se referirán a los inspectores, esos seres controladores que solo se “tiran” cuando se les ocurre o les urge poner una dosis de orden y margen a un caos tan dañino como el cáncer. No digo más.

Pero lo más alucinante es el hecho de encontrar productos institucionales debidamente rotulados o marcados. Es el caso de precintas y cintas adhesivas semitransparentes con logotipos como Correos de Cuba o Comercio Minorista, por solo citar algunos ejemplos de los que he podido observar. Y me encantaría saber cómo es posible para los revendedores hacerse de dichos bienes, pues yo también quisiera obtenerlos de igual forma sin tener que sufrir la reventa. Supongo que, como yo, usted querido amigo lector también esté interesado.

Créanme, mi objetivo no es aguarle el día a Fulano, ni fastidiarle el negocio a Mengano, mucho menos echar pa´ lante a Ciclanejo; pero molesta que aparte de revender artículos de procedencias dudosas, e incluso de urgencias extremas y de producción nacional destinados a tiendas para la población, lo hagan a precios para nada cómodos.

La intención no es cambiar leyes ni provocar una cacería de brujas. No confundir. Pero sí reflexionar un poco sobre productos que deberían tener presencia obligatoria, indiscutible y eterna los 365 días del año en tiendas de ventas en CUC o CUP; y que no existen, ya que sus inventarios sencillamente abarrotan el incipiente “mercado” privado.

En fin, cómo explicarle entonces querido amigo sin que su economía padezca ni se engrose corroyendo la vecinal: luche su vida, pero sin afectar la nuestra.

Sobre el Autor

Ariel Torres Amador

Ariel Torres Amador

Licenciado en Periodismo en la Universidad de La Habana, Cuba

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