Actualizado 21 / 11 / 2017

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ONU La gran patada

Jamás un presidente había recibido tan colosal golpe como el propinado, este miércoles, en la Asamblea General de la ONU a la actual administración norteamericana, por el conjunto de naciones que sumaron 191 pies opuestos a su bloqueo contra Cuba.

Esta votación demuestra que no todo les sale bien a Donald Trump y a su socio Netanyahu, porque como cada año siguen como la carta negativa en un problema que se extiende por casi seis décadas y sus frutos son dolor y humillación para los cubanos, aunque la solidaridad recibida cura cualquier desgarradura.

No hubo pusilánimes, nadie titubeo al pulsar el botón verde de apoyo a Cuba, aunque ya se sabía anticipadamente cómo sería el resultado, por el contenido de las intervenciones de todos los grupos regionales y países a título personal.

La nota discordante, como siempre, fue la embajadora estadounidense que con sus palabras ignoró la inteligencia de los presentes, pero tocó el turno a Bruno Rodríguez Parilla, canciller cubano, para ponerla en su sitio.

Necesariamente y dentro del marco del respeto, tuvo que llamarla cínica y mentirosa, además de recordarle que ni ella ni su presidente tienen moral suficiente para denigrar a Cuba.

El Canciller le demostró que su discurso fue engañoso e inexacto, por lo que aparte de hacerle precisiones, le dio una valiosa lección de historia sobre el conflicto y de otros temas que incluyeron desde la crisis de los misiles, Playa Girón y el asesinato del presidente Kennedy.

Quizás este haya sido el discurso más directo, objetivo y valiente en la antesala de una votación, porque como el comportamiento de los políticos norteamericanos actuales han borrado la frontera de la ética, el representante cubano desnudó al gobierno del presidente Trump, formado por millonarios supremacistas que apoyan todos los tipos de discriminación por razones de raza, sexo o recursos económicos.

Otros discursos no fueron menos elocuentes, como los de Bolivia y Venezuela, este último también en representación del Movimiento de Países No Alineados, porque le recordaron a la delegación estadounidense su práctica sistemática de violación de los derechos humanos, la tenencia de cárceles ilegales y el uso de la tortura autorizada por su Estado.

Bruno, en una precisión, recalcó que el presidente actual se está aventurando en una política, que ya fue transitada desde 1959 por una decena de predecesores y siempre encontraron el fracaso.

Cuba recibió los más favorables adjetivos, fue llamada referente universal en respeto, solidaridad y colaboración, recibió elogios de potencias como Rusia, China y la India y hasta grupos, como la fiel aliada estadounidense Unión Europa, se plegaron a la abrumadora mayoría.

Si irrespetuoso, irritante y deshonesto fue el discurso inicial de la delegación estadounidense, más ingenuo fue cuando explicaron su voto. No obstante, en todo momento tuvieron las respuestas merecidas.

Si no fuera por la solemnidad del plenario de la ONU, la señora representante de Estados Unidos más que de aplausos era merecedora de una estruendosa trompilla criolla... que en New York no deben estar bloqueadas.

¡Ah!, aclaración necesaria, el único que recibió el saludo continuado de todos los presentes fue el canciller cubano y, por supuesto, el único aplaudido reiteradamente durante su brillante exposición.

Una vez más queda demostrado que ellos podrán tener la fuerza, pero no la razón. Es difícil que tantos países, incluso muchos que no coinciden ideológicamente con Cuba, puedan estar equivocados, porque a la altura del siglo XXI es difícil creer que un bloqueo a civiles inofensivos se utilice como arma de guerra.

Las propias leyes estadounidenses se contraponen a lo que hacen, violan el derecho internacional y el de terceros países, niegan la libertad de comerciar y de viajas a sus ciudadanos, además de otras aberraciones que de ninguna forma pueden ser normales.

El bloqueo contra Cuba, de casi 60 años, ha ocasionado daños por 822 260 millones de dólares, constituye una política genocida, sigue como una violación masiva y flagrante de los derechos humanos de todos los cubanos y clasifica como acto de genocidio, además de ser un gran obstáculo para la cooperación internacional.

La resolución cubana no es vinculante, por lo tanto nada obliga a la administración estadounidense a eliminar el bloqueo, pero lo valioso de este acto es que demuestra cuán solos están en esta lucha y cuanto el mundo quiere a Cuba, porque 191 a favor es un verdadero reclamo universal.

Sobre el Autor

Ramón Brizuela Roque

Ramón Brizuela Roque

Licenciado en Periodismo Universidad de La Habana 1977. Premio Provincial por la Obra de la vida, 2013.Fue redactor reportero en Juventud Rebelde y Trabajadores; colaborador asiduo en Radio Guamá y TelePinar.

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