Actualizado 17 / 10 / 2017

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Irma se fue, hagamos la luz

En el último mes no se habló de otra cosa, los medios de comunicación transmitieron sobre el mismo tema, las redes sociales y el internet en general, colapsaron, en tanto estuvieron saturadas con igual noticia.

Por esos días Irma fue un asunto tratado en el mundo, alguien decía, “ese ciclón debió nombrase como un hombre”, pues fue tanta la fuerza de su entraña que por donde pasó dejó solo estragos incomparables.

Precisamente en tiempos como estos es cuando el pinareño, que no sabemos si agradecerle a Dios, los santos o a Rubiera, el hecho de que en los años anteriores no hemos sido atacados directamente por un fenómeno de tal envergadura, piensa y se lamenta de sus experiencias. De seguro fueron pocos, tal vez los más pequeños, los que no tuvieron historias que contar.

Apuesto a que salieron a la luz pinceladas de los conceptos sobre ciclón que aguarda en la mente de los hombres de esta tierra, pero creo, sin intención de pasar por experiencias similares, que las situaciones de riesgo tienen también destellos de luz, demuestra la grandeza del cubano y de su sistema socialista.

La humanidad hizo escala en muchos lugares, la solidaridad influyó en mejorar los ánimos de quienes sabían no tenían otro remedio que confiar. Ayuda, amigos, familia, colaboración, esfuerzo, apoyo, en fin, Irma no llegó sola a Cuba, como consecuencia logró la hermandad de la gente de esta Isla.

Pero la llegada de octubre me extrapola a aquella temporada. Hace más de 15 años mi provincia fue azotada por los huracanes Lili e Isidore, dos inigualables fenómenos que en intensidad no le llegaban a los talones a Irma, en tanto fueron apenas categoría tres, pero tan cercano uno del otro que no hubo tiempo de recuperarse, nos cogió desvalidos y arrasó.

Por aquella época vivía yo en Guainacabo, comunidad del municipio de San Luis, fecha en la que no pensé nunca estudiar periodismo, es más, fue por causa de aquel ciclón que tuve por primera vez frente a mí a un periodista, Edmundo Alemany Gutiérrez (Mundy), reportero de este semanario.

Mundy buscaba anécdotas sobre los ciclones y yo estaba allí, a pocos metros de él, con apenas 10 años, era solo una niña que vio en el resultado del ciclón Lili, una aventura, me entretenía entre los árboles caídos y bajo el chin chin de la lluvia insistente. No imaginé que con el devenir del tiempo elegiría la misma profesión y que aquel hombre sería mi mentor y colega de trabajo.

Y es que cuando digo que los ciclones no siempre son malos recuerdos, me refiero también a que mi bisabuelo fue de los elegidos para contar sus vivencias, el lente que acompañaba a Edmundo lo captó, robusto, alegre, tal como lo quiero recordar.

Los años han pasado y le agradezco al profesor Edmundo la oportunidad de que cada vez que tenga ganas de ver a mi bisabuelo en sus buenos tiempos, abrir la puerta del archivo de Guerrillero para consultar las páginas antiguas, esas que captaron con el lente a la misma ceiba que añoro a cada instante, y que nada me hace más feliz que estar cerca de ella.

Hoy, soy yo, la primera bisnieta del viejo Alejandro Jiménez, la que eligió formar parte de esta prensa que me envuelve en tinta y entrega a los lectores convertida en palabras, dándome la oportunidad de influir en el pensamiento de algunos para que en días como estos, no vean las manchas y busquen la luz, esa que no tarda mucho en llegar, simplemente porque esto es Cuba.

Sobre el Autor

Heidy Pérez Barrera

Heidy Pérez Barrera

Licenciada en Periodismo en la Universidad de Pinar del Río, Hermanos Saíz Montes de Oca.

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