Actualizado 17 / 10 / 2017

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Etapa de intensivos

Corrían cerca de las seis y media de la tarde. Mi terraza servía de hervidero para comentarios sobre temas diversos en los que participaba toda la familia, pues tras el paso arrasador de Irma y sin electricidad en la vivienda poco más se podía hacer.

– ¡Qué clase de picada me ha dado este mosquito! – exclamaba mi esposa mientras sonaba un manotazo sobre su pierna. – ¡Y mira es un Aedes aegypti! – ¿Qué es eso? – le respondí mientras me enseñaba al zancudo vestido a rayas blancas y negras cual presidiario de los años ´20 del cine norteamericano.

No sé si este enemigo silencioso provino de algún foco cercano al hogar, pues las “bazucas” por estos días no han cesado en el área; o si vino de algún foco vecino. Pero lejos del humor negro y los bonches nada agradables sobre la posibilidad de que mi esposa pudiera infectarse con alguna enfermedad tropical transmitida por este insecto, me puse a pensar en algo importante.

Si tan importante es la precaución debido al transcurso de la presente temporada ciclónica, también lo es el miramiento a los focos de estos vectores transmisores, entre otros de la fiebre amarilla, dengue y zika.

Estos son meses de lluvia, y como dijera un dicharacho de mi madre: “octubre todo lo pudre” refiriéndose a los aguaceros por venir.
De ahí que se intensifique el peligro y sea necesario extremar las medidas para combatir al mosquito.

Resulta irónico que aún permanezcan posturas reaccionarias e inconformes ante una batalla tan costosa como la lucha antivectorial, que en forma de prevención realizan diariamente nuestros especialistas médicos, estudiantes y trabajadores del sector comunal en la provincia para eliminar la proliferación del Aedes.

Amén de las campañas publicitarias y la divulgación que se lleva a cabo por los principales medios de prensa y los centros de salud comunitarios, a nuestra población aún le falta ganar en cuanto a percepción del riesgo a correr.

Es mucho más fácil decir “aquí todo está tapado”, “no hijo no, aquí no hay mosquitos”, o “no me fumigues la casa hoy, ven mañana”; pero lo cierto es que este insecto puede vivir en condiciones extremas y bajo nuestras propias narices.

Importante resulta entonces destacar que la mejor prevención en esta etapa recae en nosotros mismos. Razón por la que debemos realizar el tratamiento auto focal en cada vivienda y recibir como al mejor de nuestros amigos a esos héroes invisibles de “bazuca” en mano.

La picadura de un solo mosquito puede producir fiebre, dolores de cabeza y articulaciones, rash, vómitos y diarreas y pérdida del apetito, además de producir otras complicaciones severas como las neurológicas y autoinmunes, entre ellas el síndrome de Guillain-Barré, enfermedad del sistema nervioso que causa debilidad muscular y en los casos graves puede afectar los músculos que controlan la respiración.

No permitamos entonces que las indisciplinas de algunos, fomente la preocupación de todos, e imposibilite además la detección de posibles focos y la aplicación de abate y adulticidas en los diferentes recipientes.

La fumigación en consecuencia, es una de las mejores opciones y nuestra mejor aliada para estas fechas, pues esta es una lucha que no debe cesar y la etapa venidera, es una de intensivos.

Sobre el Autor

Ariel Torres Amador

Ariel Torres Amador

Licenciado en Periodismo en la Universidad de La Habana, Cuba

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