Actualizado 17 / 10 / 2017

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La peligrosa mano del hombre

Tengo ante mí un detallado documento de los huracanes que han perjudicado a Cuba en lo que va del siglo XXI, que podría resultar interesante para los curiosos o para quienes gustan atesorar información.

Contrariamente a lo que piensan algunos políticos, la aparición más frecuente y el aumento de la potencia los huracanes, según el parecer de los especialistas, sí tiene que ver con el cambio climático y esos fenómenos no son más que el resultado del efecto invernadero, que entre otras muchas negatividades –aparte del aumento de la temperatura en la tierra- eleva la de los mares; en tiempos recientes, todavía científicos lo ponían en tela de juicio, pero lo ocurrido este año ha sido esclarecedor.

Los desastres se subdividen en varios tipos, los naturales como su nombre indica son imprevisibles e inevitables, sin embargo, con la inteligencia humana y el saber adquirido se pudieran menguar, pero no está sucediendo.

La sequía al parecer es natural, pero está considerada un desastre tecnológico por la acción antrópica (interviene la mano del hombre) simplemente por la deforestación, la agricultura incontrolada, el exceso de riego, e incluso la erosión por malas prácticas en los campos.

Aunque hay desastres peores, como la hambruna, que existe desde la aparición de la humanidad por razones harto explicadas y que la mayor parte de las veces tienen que ver con la geopolítica y ahora, con el cambio climático, acentuada por los problemas atmosféricos.

La literatura es eufemística a la hora de explicar la hambruna, cuando expone que es una situación que se da cuando un país o zona geográfica no posee suficientes alimentos y recursos para proveer a la población autóctona. ¿Y no sería mejor aclarar porqué esas regiones no tienen esos recursos? Casi siempre fueron excolonias o tuvieron un manejo fraudulento en su historia.

Aunque el peor desastre son las guerras que eliminan elevadas cifras de humanos en cada contienda por las mismas razones que se origina el cambio y el calentamiento global, y no es un ejemplo traído por los pelos.

Las guerras casi siempre son para arrebatarle el territorio a un país vecino y ejemplos sobran; no solo por el pedazo de suelo que ocupan, sino por los contenidos en riquezas naturales en la mayor parte de los casos o para ampliar sus fronteras.

Entre los seis mayores desastres sufridos por la humanidad hay varios asociados a la guerra, por ejemplo en el conflicto entre Kuwait e Iraq en 1990, cuando los Estados Unidos intervinieron contra Iraq los bombardeos prendieron fuego a 700 pozos petrolíferos de Kuwait, como parte de una táctica de 'tierra quemada' y eso desató una verdadera crisis ecológica.

Otro fue el accidente ferroviario más mortífero de la historia en 1917, durante la Primera Guerra Mundial, cuando Francia trasladaba a miles de soldados hacia y desde la línea del frente. Un convoy al pasar cerca de la estación de Saint-Michel-de-Maurienne - a más de 100 kilómetros por hora- se descarriló y mató a alrededor de 700 militares, de los cuales casi la mitad nunca fueron identificados.

El mayor número de muertes hay que apuntárselo a las dos guerras mundiales y seguidamente a las que cada día hay en algún rincón del universo, muchas que la gente ni se entera y como dijera el Papa Francisco, la tercera ya está en marcha.

Otras enormes catástrofes originadas por la mano humana fueron la explosión en la planta nuclear de Chernóbil, el 26 de abril de 1986; el desastre de Bhopal, la mayor catástrofe industrial de la historia por la fuga de 45 toneladas de gas tóxico en una fábrica de pesticidas de India en 1984, que en las primeras 24 horas tras el escape, murieron un mínimo de 3000 personas y, posteriormente, otras 15.000 por las secuelas.

Y también estuvo la gran niebla de Londres entre el cinco y el nueve de diciembre de 1952, cuando una gran niebla cubrió la capital británica. Este fenómeno, considerado como uno de los impactos medioambientales más graves hasta entonces, fue causado por el aumento de la quema de combustibles fósiles y se agravó debido a un frío intenso. Reino Unido estimó que 4 000 personas murieron de manera prematura y otras 100.000 enfermaron.

Otros de los peores daños a la humanidad son igualmente los incendios forestales, no solo por las personas que pierden la vida y la eliminación de cuantiosos recursos, sino por la acumulación de gases tóxicos que ahora tienen que ver por su aporte al enrarecimiento de la atmósfera.

Y entre esos desastres artificiales que comentamos uno de los de peores consecuencias es la contaminación, máxime cuando se asocia a fenómenos atmosféricos capaces de matar a humanos y animales, como las olas de calor, las tormentas de granizo; el simún (en árabe samûn, de samm, "viento venenoso") un temporal fuerte, cálido y seco de viento y arena, que sopla en el Sahara, Palestina, Jordania, Siria, y los desiertos de Arabia.

Otros son el huracán, la manga de agua, también llamada tromba de agua o tromba marina, un fenómeno que ocurre en mares tropicales en condiciones de lluvia; las tormentas, las ventiscas, las tormentas eléctricas, de arena y de polvo, los rayos y los tornados.

En cuanto a un fenómeno cada día más frecuente, mencionado al inicio, pero no profundizado, es la sequía que automáticamente puede conducir a la hambruna y está estrechamente relacionada con la actividad humana. Existen tres tipos diferentes de sequía: la meteorológica, cuando una porción de tierra o región, se somete a un período prolongado sin llover; la agrícola que afecta la producción de cultivos, y puede ser desencadenada por condiciones cambiantes del suelo y la erosión, y la hidrológica, cuando los embalses y lagos se secan.

A fin de cuentas el resultado es el mismo, porque el hombre quiso que así sea, pero lo peor y que entra en el escenario, el otro fenómeno generador de desastres y harto conocido por la población mundial: el atentado terrorista y que existe hace mucho, pero nunca de la magnitud del 11 de septiembre de 2001.

Al paso que vamos, los huracanes también casi serán una forma de atentado, porque los países altamente desarrollados no cesan de emitir gases a la atmósfera, lo que empeora el efecto invernadero; la aplicación por los Estados Unidos de tecnologías como el fracking para conseguir petróleo; las armas nucleares estratégicas para desaparecer al mundo en minutos y las tácticas que ya existen y pueden ser usadas en cualquier momento, y otra arma que no se menciona mucho, pero se dice que existe es “la manipulación de la atmósfera para provocar desastres inducidos.”

Es lamentable que la mano del hombre, capaz de hacer cosas tan hermosas, tengan en vilo a la humanidad por sus malas prácticas y que el vocablo desastre haya abandonado el diccionario para alojarse en nuestras vidas.

Sobre el Autor

Ramón Brizuela Roque

Ramón Brizuela Roque

Licenciado en Periodismo Universidad de La Habana 1977. Premio Provincial por la Obra de la vida, 2013.Fue redactor reportero en Juventud Rebelde y Trabajadores; colaborador asiduo en Radio Guamá y TelePinar.

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