Actualizado 25 / 06 / 2018

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La agonía de la oferta-demanda

¿Qué puede suceder de nueve de la mañana a una de la tarde para que una camioneta de San Juan y Martínez a Pinar del Río cueste 10 pesos primero, y en un viaje de regreso, cuatro horas después, sea 25? ¿Acaso el precio del petróleo subió en ese tiempo en el mercado internacional, o en CUPET, o en el mercado negro o en el amarillo?, ¿acaso hubo un aumento de salario colectivo en ese intervalo?, ¿acaso alguno de los conductores perdió su billetera?, ¿acaso los que tienen que velar por eso, si existen, estaban tomando una siesta tras el almuerzo? Oferta y demanda, tremendo lema que han buscado los cuentapropistas de la transportación. El caso de antes no es hipotético, los bolsillos de muchos viajeros lo saben. Solo por tener unos bancos más de lo habitual, ese porteador privado pedía el mismo monto de dinero que un taxi exige para el destino San Juan. Siguen las preguntas: ¿a quién reclamar?, ¿qué tan bien se usa la frasecita oferta y demanda?, ¿en qué escuela de la calle aprendieron los devenidos negociantes las complicadas leyes de la oferta y la demanda? Todo se traduce en: “esto es lo que te ofrezco y si no lo quieres espera el próximo”. Esbocemos aquí un extracto del concepto de la oferta y demanda, encontrado en la siempre facilista pero explicativa Wikipedia: “El postulado, principio o incluso ley de la oferta y demanda es el modelo económico básico de la formación de precios de mercado de los bienes (...) El modelo se basa en la relación entre el precio de un bien y las ventas del mismo y asume que en un mercado de competencia perfecta, el precio de mercado se establecerá en un punto –llamado punto de equilibrio– en el cual se produce un vaciamiento del mercado, es decir, todo lo producido se vende y no queda demanda insatisfecha”. Que me perdonen los economistas por citar este sitio; pero hay aspectos claves, incongruentes con el mercado cubano en todos los sentidos. ¿Competencia perfecta?, ¿punto de equilibrio?, ¿demanda satisfecha? Puras utopías. Las explicaciones de su mal funcionamiento son múltiples. Por ejemplo, los llamados boteros pueden espetar que no tienen dónde comprar piezas, combustible, que el pago del andén ha subido y seguirá; en fin, que no reciben ningún subsidio por un servicio que brindan a la población. Los camioneros tienen sus motivos y la Terminal, la dirección de Transporte o tráfico defenderían su punto argumentando que no cuentan con la autoridad para regular precios. Al final del día, la culpa llega al cliente, como la de la vaca, y a alguien se le ocurre decir que el problema es que “la gente no defiende sus derechos”. Que alguien responda y diga la vía para hacer cumplir esos derechos. Según cualquier tipo de diccionario, viajar es la acción de desplazarse de un lado hacia otro. Con sus licencias semánticas, la Terminal de Ómnibus de Pinar del Río se inventa un nuevo concepto, y según la estancia allí, viajar se convierte en sinónimo de sudar en todas la temperaturas, deportes de combate –sobre todo lucha libre–, naufragio, sacrificio y trabajar para el inglés. O sea, que si viajas por la Terminal encontrarás en muchas ocasiones verdaderas peloteras para alcanzar una Diana u otro carro de poco presupuesto, a veces hasta para las máquinas. Lo importante es que particulares y estatales deben seguir una organización de precios y salidas. Estas últimas normadas por la Terminal en mayor medida; pero al primer requisito quién le pone frenos. ¿Por qué determinan los cuentapropistas cuánto, dónde y cuándo cobrar?

Sobre el Autor

Anelys Alberto Peña

Anelys Alberto Peña

Licenciada en Periodismo en la Universidad de Pinar del Río Hermanos Saíz Montes de Oca

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