Actualizado 11 / 12 / 2017

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¿Maleducada?¡Grosera!

No teníamos interés en conocerla, nadie le cursó invitación, pero, aun así, vino, lo hizo escandalosamente, anunciándose con varios días de antelación y haciéndonos saber que a su llegada se sentiría como dueña de casa; aquello que no quisiéramos que tomara, debía estar en posición inalcanzable para ella.

Finalmente lo confirmamos, no era solo una mala vibra de que su presencia traería disgustos, fue mucho más que eso. Nos ensombreció el alma, causó dolor y espanto, puso llanto en los rostros, desánimo en los espíritus y miedo en los corazones.

No vamos a negarle que lo logró, sacó suspiros de esos que salen como una exhalación y se adueñó de nuestras mentes, queríamos saber dónde estaba y qué hacía, cómo crecía o se desplazaba, las artimañas que tramaba y más.

Deshizo sueños y esperanzas, nos levantó en peso y nos llevó atrás, alejándonos de las metas, los propósitos, individuales y colectivos. Destruyó con ensañamiento y alevosía, no le importó qué fue edificado con amor, qué cosa tenía un valor especial; no por lo material, sino por lo sentimental. Nos ignoró como a muñecos y fue demostrando desde la prepotencia de su fuerza, que podía reírse de los banales intentos por ponerle coto a su desafuero.

Irma resultó ser muy maleducada y desalmada, o tal vez no, solo una expresión de como el planeta nos devuelve el golpe por eso que llamamos sobrexplotación de los recursos naturales y cuya consecuencia, cambio climático, solemos mencionar como algo por suceder, pero cada vez con más frecuencia madre natura se muestra iracunda y proclive a conductas impropias de la maternidad.

Otro llamado de atención, solo que no basta con lo que hagamos nosotros, dependemos del tino de todos los demás y la cordura para reponer lo que tomamos o usar con moderación aquello que no es renovable.

No hace falta seguir recibiendo golpes, dicen los que saben, que el diálogo educa, pero los humanos parecemos una especie empecinada, en aprender solo a fuerza de violencia.

Irma, ya no está, es un mal recuerdo que dejó miles de viviendas en el piso, nos privó de muchos árboles y ni siquiera los llevó consigo, los abandonó ahí tirados, como algo inservible y sin vida, puso agua donde no la hubo nunca, sacó peces del mar, de allí también trajo arenas, rocas...para qué regodearnos en describir lo que nos sació las pupilas en estos días, cuando a cada instante presenciábamos un nuevo desastre.

Anotó puntos donde otros no pudieron, una decena de muertes y ahora podemos discurrir si fueron consecuencia de indisciplinas y falta de previsión, al final del juego, solo cuenta el marcador y podremos cubrir con más o menos premura sus huellas, pero eso, no lo olvidaremos.

Tal vez en unos días sea otro el nombre que ponga nuestras casas patas arriba, tranquemos puertas y ventanas, almacenemos agua hasta en los vasos, busquemos velas, combustibles alternativos y no sé cuántas otras cosas más para resguardarnos, pero cuando estemos inmersos en ello, recordaremos las heridas que Irma provocó y quizás seamos más precavidos.

Ahora es tiempo de recuperación, sin pensar en la totalidad, solo paso a paso, no es la primera vez que hay que reiniciar la marcha y salir desde los escombros. Retirar los desechos, recuperar lo utilizable, priorizar a los que recibieron mayores daños y los sitios cuyo funcionamiento beneficia a más.

Nada de esto es nuevo y ya se avanza en las labores, los pinareños esta vez ofrecen su ayuda a otras provincias, pues aquí fue donde menos se vio de Irma, pero Cuba es una sola y no quedamos ajenos a la devastación de otros lares.

Paulatinamente se irán levantando los postes, recuperándose la energía y prendiéndose las luces, al mismo ritmo que las sonrisas vuelven a los rostros, aquí y allá se afianzan los sueños, renacen las esperanzas y la vida vuelve a tomar su curso, ya algunos hacen chistes sobre Irma, quizás su nombre deje de tener tanta prevalencia o quien sabe y hasta se incremente.
Lo cierto es que, a su paso por Cuba, Irma fue grosera.

Sobre el Autor

Yolanda Molina Pérez

Yolanda Molina Pérez

Licenciada en Periodismo de la Universidad de Oriente.

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