Actualizado 17 / 10 / 2017

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El valor del tiempo

Este tema lo encontré en una oficina cualquiera, un lunes o un martes, justo a las nueve de la mañana o a las cuatro de la tarde; da igual, la hora de la reunión.

La semana inicia siempre o termina con un encuentro para planificar el trabajo de la próxima y analizar lo que se hizo hasta la fecha. Un hábito viejo, aburrido y, sobre todo, de utilidad intermitente.

Ahí puedes sentir tu primera úlcera, los dolores más insólitos de cabeza o alcanzar toda la producción de un día de pesca en La Coloma; hasta que “al fin se acabó, ahora a trabajar”.

Pero..., a las 11:00 a.m. siempre hay un pero: Si eres periodista y tienes que concebir tres entrevistas importantes para trabajos distintos. Si logras que alguien atienda el teléfono de los presuntos encuestados. Si la respuesta a tu propuesta para hablar con Pepito, Alberto o Andrés es “está para una reunión, llama más tarde”. Si al rato recibes otro “más tarde”... La historia continúa.

Debido al paro momentáneo para seguir con la jornada laboral pasas al acuerdo del día de resolver dos o tres problemas personales. Entonces decides terminar con el tema de la propiedad de tu casa.

Temporalizar las horas gastadas en la Dirección de Vivienda es un motivo de depresión. ¡Cuánto tiempo perdido! Porque perdidos están los papeles que certifican el pago de tu solar, y las últimas cuatro veces que acudiste al centro, quienes debían atenderte estaban reunidos y eso que fuiste en el horario de atención a la población.

Vivienda es solo una más. En el Registro civil tal vez te expliquen “recogemos las solicitudes para antecedentes penales por la mañana” y tú esperanzada con cara de cansancio, casi suplicas: “Mi vida, aquí tengo mi carné de identidad. No hay cola, ni usted se ve muy ocupado. ¿Me puede hacer el favor ahora?” e infalible, imperturbable e impenetrable, como un soldado en una posta, te reitera: “Antes de las 12”.

Al otro día por la mañana, puertas cerradas y usuarios esperando: “¿Qué pasa?”. “Están haciendo la reunión del sindicato”. Que pase la página y no lea más a quien no le haya pasado.

Es un mal esto de reunirse en horarios hábiles en centros de servicios directos a la población, hasta los momentos de atención están erróneamente concebidos; porque coinciden con las jornadas de muchos, de esos que no pueden “ni pestañear” en sus trabajos.

Si eres operario en una escogida. Si hasta para aplaudir das con la chaveta en el banco con tal de no parar de producir con las manos.
Si tu jornada coincide con las del banco, la Oficoda, la óptica, Planificación Física y más. Si, para complicarlo todo, cuando tienes un tiempo de solventar tus problemas aparece una reunión... La historia sin fin.

Existen reuniones para justificar la pereza laboral, otras con el objetivo de cumplir con el plan de reuniones del mes, algunas en las que se discute lo mismo sin ninguna conclusión o arreglo, y están esas que se hacen para planificar una asamblea con aroma de reunión.

Cada empresa, institución y entidad requiere de administraciones con las habilidades de estimular y comunicar. Con solo una persona dedicada a gestionar la información no habría necesidad de reiteradas imágenes de cuerpos cansados en las sillas o arengas sin fin.

Asimismo, hay temas que ameritan discusiones colectivas con el verdadero sentido de un colectivo y sentido de la participación. En la mayoría de las reuniones la información viaja unidireccional y al final de la segunda hora alguien dice en ráfaga: “¿Qué creen sobre el tema? Después no queremos comentarios de pasillo y hablen rápido que esto se ha demorado mucho”. Luego de ese cierre quién se atreve.

Esos contraindicados comentarios de pasillo se convierten en alternativas a la “reunionmanía” insulsa. Ahí se habla de las verdaderas preocupaciones e incluso, salen creativas ideas de trabajo. Aunque es lamentable que funcionen como cotilleo también los asuntos ausentes en los espacios establecidos, por vergüenza, indolencia o por ahorrar tiempo.

Yo me reúno, tú te reúnes, ustedes, nosotros y otros. Entonces, ¿quiénes trabajan? Ahora termino aquí, que mi próxima reunión casi empieza.

Sobre el Autor

Anelys Alberto Peña

Anelys Alberto Peña

Licenciada en Periodismo en la Universidad de Pinar del Río Hermanos Saíz Montes de Oca

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