Actualizado 27 / 06 / 2017

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Las caras de la discriminación

Una bulliciosa ovación, alguien que conduce el show o muchos, otros que se animan a mirar y, al final pocos comprenden la dimensión del espectáculo. El artista embriagado por el éxito, sonríe y acepta los aplausos como si fueran sinceros.

Poco a poco, la gente alrededor comienza a desenmascararse con ofensas y burlas. Nunca percibió que el público improvisado aclamaba la falta de entonación o su incontinencia para retener la saliva en la boca. La discapacidad mental de este intérprete espontáneo era el verdadero motivo de los vítores.

Una guagua, una diana estreñida, una señora que viaja casi todos los días y carga sus limitaciones. Un grupo de pasajeros insensibles que la molesta y ella empieza a gritar. Durante una hora de viaje se oyeron obscenidades, seguidas por risas vulgares.

En una esquina, unos jóvenes dan de beber a otro de igual edad, pero con capacidades cognitivas inferiores. Mientras más alcohol toma el muchacho, más felices son ellos. Horas más tarde, un malentendido desata la furia de algunos y el último en reaccionar recibió más golpes. Nunca entendió bien qué pasó.

La burla hacia las personas con discapacidades, pesa tanto como el maltrato físico o la indolencia. Discriminación es su nombre y a nivel social es muy común. Las escenas antes expuestas son muy usuales en el contexto nacional y aún se les considera nobles.

Culturalmente se ha homogeneizado la normalidad. Se es normal cuando se cumplen con estándares sostenidos durante siglos. El resto se llama minoría y tienen un sinfín de nombres, despectivos usualmente, que en este artículo no se van a reproducir.

A nivel constitucional el estado cubano proscribe y sanciona la discriminación “por motivo de raza, color de la piel, sexo, origen nacional, creencias religiosas y cualquier otra lesiva a la dignidad humana”. En ese sentido, es necesario repasar qué entiende la discriminación mencionada y cuáles otras normas penalizan esos hechos.

En Cuba se educan a todas las personas en principios de igualdad entre los seres humanos, versa también la Constitución. No hay distinciones para acceder a servicios públicos, no se pregunta el coeficiente intelectual de las personas para recibir tratamiento médico o entrar a una playa. Las escuelas especiales conciben programas que les permiten desarrollar oficios y habilidades y con ellos, independencia.

No obstante, los detalles que no se ven y por tanto no se enseñan, causan una exclusión más solapada, ausente en leyes o libros de texto. En las calles y a veces en los hogares, las personas con discapacidades intelectuales tienen la peor de las barreras, cuando el resto piensa que no pueden integrarse a la sociedad, sin ser los bufones de los verdaderos invalidados, esos vacíos emocionalmente.

Incluso algunas de las personas con limitaciones cognitivas severas logran valerse en varias situaciones por sí mismas. Los campos afectados son la comunicación, las habilidades para vivir en colectividad, las académicas, el autocuidado, el trabajo y además el ocio, entre otras. Sin embargo un entrenamiento a tiempo reduce un poco esas consecuencias.

Por ello, en vez de burlas o lástima, los ojos de la igualdad son la respuesta. Un no a los estigmas físicos debe ser siempre el mensaje en todos los niveles sociales e institucionales.

Los hombres y las mujeres con limitaciones del conocimiento tienen parques, guaguas, calles, sueños, viven bajo el mismo pedazo de cielo y comparten el mismo aire. Aprecian el arte, las matemáticas, los dulces, los espejuelos, el campo, la playa o las aves.

Los diferencian, tal vez, las formas de razonar y reaccionar. Los diferencian, tal vez, la forma de percibir los sarcasmos, la alegría o el calentamiento global; pero sienten igual calor, tristeza, frío o humedad. No son tan diferentes, son solo, ellos mismos.

Sobre el Autor

Anelys Alberto Peña

Anelys Alberto Peña

Licenciada en Periodismo en la Universidad de Pinar del Río Hermanos Saíz Montes de Oca

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