Actualizado 27 / 06 / 2017

buscar en guerrillero

Facebook Twitter Youtube  Rss 

22ºC
30ºC
Estado del tiempo en Pinar del Río

Tres B… ¡Imposible!

Adquirir un producto, bueno, barato y bonito, es el sueño de cualquier comprador. En Cuba esta posibilidad ya está en el terreno de las utopías, pero el dinero guardado no resuelve problemas y las necesidades, al menos hay que intentar cubrirlas.

Si a los defectos de los artículos añadimos mal servicio, deficiente o nula garantía, entonces tenemos completo el paquete de insatisfacción y por cierto, que los malos ejemplos se encuentran en cualquier parte.

Hace poco tuve que trabajar de estibadora dentro de una tienda, moviendo las cajas en la nevera, pues al inquirir por un producto anunciado en tablilla, la dependiente me dijo que estaba en el fondo, y que ella todavía demoraba acomodando potes de yogur en el exhibidor, lo hubiese hecho más rápido si no estuviese conversando; así que esperaba o me servía yo misma, y es evidente cual fue la solución.

También es reciente la agonía para hacer valer la garantía de un equipo electrónico, al cual hay que trasladar hasta el taller por tus medios, una vez allí, cuando el técnico dictaminó la reposición, debí aguardar por la reunión en la cual aprobarían su criterio y emitirían un documento para la recuperación del dinero u otro aparato similar, según decidiera en mi condición de propietaria.

Hay que significar que es el cliente perjudicado quien debe realizar las llamadas telefónicas o visitas a la instalación, para estar al tanto del proceso “porque su teléfono no tiene salida, solo el del gerente y él no puede ocuparse de eso”.

Una vez que recibes el documento con el cual recuperar el dinero o la posibilidad de sustituir el equipo, empieza la ruta en la tienda, donde cuentan con un fondo limitado para devoluciones y nuevamente delegan sobre el usuario tal responsabilidad de estar al tanto por teléfono de cuando haya dinero para que pueda venir, porque está claro que no somos clientes.

En este caso, una vez comprobado que podían comunicarse y no solo recibir llamadas dejé mi número para ser localizada cuando fuera posible realizar la transacción, pero algo me decía al verlo anotar en un montón de hojas colocadas sobre un escritorio, que no recibiría aviso alguno.

Tres semanas de espera me indicaron que era hora de llamar a la gerencia territorial; una vez presentada la queja ante la especialista para estos casos y otra vez entregados mis datos, transcurrieron unos minutos y ya estaba la solución y con ella la excusa “el dinero llegó ayer y estábamos terminando el balance del mes, (era día 15) y hoy estaba atareada y por eso no la había llamado, pero ya puede pasar por aquí”.

En honor a la verdad, recibí un trato amable junto con el efectivo y la aclaración, muy sutil, por cierto, de que si llamaba al número único tendrían problemas y no era culpa de ellos.

En cada caso aseguraron estar apegándose al procedimiento establecido, a las indicaciones de “arriba”, pero sin importar la jerarquía de quien lo haya dispuesto, es evidente que está mal.

Un comprador que adquiere un equipo electrónico, una vez que se le rompe, lo menos que puede recibir es facilidades y rapidez en la solución de su problema.

¿Por qué en el taller no poseen un listado con los datos de los casos pendientes y llamarlos al tener una respuesta? Otras entidades con menos recursos lo hacen, y en la tienda también pueden implementar ese mecanismo y buscar alternativas para que los fondos destinados a devoluciones no sean tan escasos.

Estas son situaciones donde basta querer, y si la persona que lo dispuso no ha llegado hasta la base para enterase del daño que causan a la población sus métodos, pues corresponde a los subordinados informarles de las problemáticas que genera, claro, dando por sentado la sensibilidad ante la situación del afectado y el respeto a ese comprador.

Al margen de otros análisis, como la calidad de lo que se oferta y la relación de esta con el precio, o los necesarios aseguramientos que requiere sacar un producto al mercado, no solo en las tiendas hay estas dificultades.

Etecsa expendió teléfonos celulares para los cuales no hay piezas de repuesto en existencia, por ser modelos comercializados recientemente, y en el taller desconocen la posible fecha de llegada de las mismas. Me sugirieron la visita al centro homólogo en La Habana, del cual, por cierto, no tienen ni la dirección ni el número de contacto.

Pertenezco a la generación que creció apostando por la seguridad y esa espero hallarla en la red estatal, pero para todos estos productos hay alternativas en el mercado negro, que de tan visible y accesible podríamos llamarlo transparente, a mejores precios y mayor calidad. ¿Cómo es posible que no se pueda garantizar la protección de los clientes?, ¿la falta de competencia es lo que trae tal acomodo e indolencia? Sin dudas, no son esos mecanismos los que nos van a conducir hacia la tan deseada eficiencia empresarial.

Pero más allá de mis encontronazos, pienso en aquellos que no residen en la capital, no tienen teléfonos a su alcance, ni facilidades en sus horarios laborales para correr con tales trámites. La garantía no es solo un papel con números y firmas, requiere ser un servicio con el cual podamos sentirnos resguardados.

Sobre el Autor

Yolanda Molina Pérez

Yolanda Molina Pérez

Licenciada en Periodismo de la Universidad de Oriente.

Enviar un comentario como invitado

0
  • No se han encontrado comentarios

Red 2.0

Aplicación móvil
Extensión para su navegador

Periódico Guerrillero