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Sencillez

Quizás por eso muchos se emocionaron cuando el 14 de marzo le fue otorgado el Premio por la Obra de toda la Vida. Nadie quedó sentado. A la entrega, al amor a la profesión y a la sencillez, hay que rendirle honores.

Ileana Ramos Duarte, pinareña por antigüedad, cardenense siempre de corazón, fuma a ratos, a ratos toma café y a ratos llama a los periodistas a su oficina. No son tantas las veces que el mérito de una persona se hace fuerte desde la dirección.

Revisa los textos con una parsimonia que eriza a los novatos. Con ese mismo sosiego rectifica los errores; con esa misma severidad, llama la atención.

Nunca pidió nada para sí misma. Ni siquiera cuando las escaleras de Guerrillero vieron fracturada su cadera y hecha añicos su rodilla. Siguió viviendo en su cuarta planta en el “Llamazares” y allí lo hace hasta hoy.

En ocasiones y a duras penas permitió que sobre su salario de 545 pesos se colgara un mínimo por ciento de estimulación, por fuerte que fuera el trabajo en el departamento, por largas que fueran las noches de ciclones y los días de ediciones especiales.

Cuando creyó que las fuerzas le flaqueaban decidió irse al hogar en contra de la voluntad de los demás. Pero las decisiones ajenas hay que respetarlas. Los golpes de la vida le han hecho mella en su espíritu; mas guarda Ileana el fervor de periodista, de jefa de periodistas, la paciencia para lidiar con tantas personas de caracteres diferentes sin enojarse ni perder los estribos.

Su mayor mérito estuvo, quizás, en la confidencialidad de su pequeña oficina, donde cada uno de los trabajadores depositó sus penas, sus alegrías, sus tristezas; y allí, junto a los objetos que aún nadie se atreve a sustituir estaba ella, guardando para sí las historias de cada uno.

Debe estar enojada ahora. Nunca le han gustado los reconocimientos, mucho menos los elogios públicos. Por eso esta crónica no es para ella, sino para los años que dedicó a la prensa, a sus compañeros y amigos, para los tiempos en los que enseñó a los más jóvenes que llegábamos al periódico que la vergüenza está primero; que la ética vale más; que nadie pudo nunca frente a ella humillar o criticar sin fundamento a un periodista suyo; que tenemos derecho a equivocarnos, pero que esos errores hay que evitarlos.

Que el periódico es como un barco que se tripula por muchos, y que todos deben remar en la misma dirección; que aunque los problemas no se resuelvan no podemos cansarnos de decir las cosas; que la prensa está para eso, para decir cuando alguien no quiere que se diga; y que se puede escribir una información 10 veces por sencilla que sea hasta que quede mejor.

Sobre el Autor

Dorelys Canivell Canal

Dorelys Canivell Canal

Licenciada en Periodismo en la Universidad de La Habana, Cuba. Corresponsal del diario Juventud Rebelde en Pinar del Río.

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