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Ni un golpe más

Las señoras que conozco no hacen versos, ni van a la ópera; hacen tamales, la cama y hacen maravillas para complacer a todos en casa. Muchas de las señoras que conozco trabajan o lo hicieron en una escogida, un hospital u otro lugar público y en casa, siguen sin descanso. La mayoría de ellas desconocen que su condición de mujer no las obliga a ocuparse de todos, algunas ni siquiera perciben la forma en que son violentadas.

Así crecieron. Desde pequeñas las personas e instituciones que mediaron su desarrollo construyeron su género. Alguien les dijo que estaba bien ser reinas del hogar y sobrecargarse, mantener una apariencia delicada y un comportamiento de cuidadora. También creen que los celos son demostraciones de amor y que estar siempre dispuestas a satisfacer a un hombre es parte de sus responsabilidades.

Hay casos peores, de maltrato físico y sexual. Alrededor de esos permanecen otros mitos como "entre marido y mujer nadie se debe meter" o "tengo que aguantar porque no quiero que mi hijo se críe sin padre". En el primero es necesario aclarar que ningún acto que dañe a la persona física, psicológica o sexualmente, puede considerarse como privado, es necesario entenderse como falta o delito.

Por otra parte, si la madre es agredida, los niños serán testigos de su humillación, y a veces receptores del maltrato. Lo cual produce en ellos trastornos conductuales y de aprendizaje.

En ese sentido, ante la imposibilidad de derrotar de cuajo una cultura machista centenaria, se precisa escuchar las voces de las mujeres violentadas. Orientar y ayudar a las víctimas a romper el ciclo.

Es una fórmula sensible y difícil. Hay que roer las creencias. "A ella le gusta que le den", mal. Lo correcto es "ella está en una situación de debilidad psicológica y escasa autoestima. No encuentra una alternativa".

Ana, la peluquera; Orquídea, la ama de casa; Isabel, la abogada. Cualquiera puede sufrir la violencia porque en su forma cíclica los maltratadores conviven periodos de "luna de miel", con un aparente cambio y arrepentimiento. También "aguantan" los golpes por miedo, algunas cuando tratan de enfrentar las amenazas son recipientes de un incremento de actos violentos.

Varios desenlaces de estas relaciones son tan fatales como el de Lola. El feminicidio o asesinato por cuestiones de género constituye un problema reiterativo en cualquier estrato de la sociedad. Las alarmas de su permanencia apuran por estudios de casos, tendencias, comportamientos y otras acciones de prevención.

En Cuba, desde la década del 90 del pasado siglo se trabaja en la atención a la violencia, con énfasis en la intrafamiliar. El protagonismo de la Federación de Mujeres Cubanas deviene principal mecanismo para la supresión del problema.

Sin embargo, aún se carece de una sociedad civil organizada y articulada para dar respuesta con un carácter multidisciplinario a los actos contra las mujeres y las niñas. Lo ideal no es tratar secuelas y consecuencias, sino anticiparlas, atenuarlas y prevenirlas.

El tema también merece la socialización de estrategias de oposición. No desde lo físico, porque en ocasiones la mujer tiene semejante comportamiento con su pareja o agresor como respuesta; ese no es un indicador de progreso femenino, solo perpetúa el problema.

La exposición de logros femeninos en cifras constituye moda en varios escenarios de Pinar del Río. A la par de la tendencia nacional, el análisis cuantitativo es una distracción para detectar los elementos que laceran las relaciones de género.

Más allá de las estadísticas, inclusión implica en el contexto actual reestructurar relaciones entre los dos sexos, a través de formas de pensar y actuar, alternativas a las tradicionales.

Para ello, Cuba y este semanario se unen a las acciones por el día internacional para la eliminación de la violencia contra las mujeres y las niñas. Hoy el mundo se pinta de naranja bajo la campaña ÚNETE, del ya saliente Secretario General de las Naciones Unidas Ban Ki-Moon. En el país caribeño con un mensaje propio "Yo digo no a la violencia contra la mujer". ¿Y tú?

Sobre el Autor

Anelys Alberto Peña

Anelys Alberto Peña

Licenciada en Periodismo en la Universidad de Pinar del Río Hermanos Saíz Montes de Oca

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  • Invitado - Tania.rodriguez

    Estoy plenamente de acuerdo con usted, hay mujeres que no saben la importancia de ser mujer y se dejan sin darse cuenta maltratar, a veces piensan que una simple mirada de reproche de un familiar por algo que dejó de hacer sin saber que ella se sentía mal o estaba cansada es también maltrato, solo lo vemos como el golpe y no sabemos que el peor es el silencioso

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  • Invitado - lazarita

    anelys usted tiene la razon ,es una polemica con un campo bastante amplio para poder comentar ,existen todo tipo de maltratos como verbales ,fisicos ect.cuando sea aceptada la 1era palabra o golpe de un compañero ó familiar estamos dando pie al masoquismo aceptando que esa persona nos maltrate y nos intimide ,las mujeres al igual que los hombres tenemos un sentido de igualdad ya en estos tiempos ,ya no existe de que x que sea hombre puedo hacer y deshacer con mi pareja y permitiendo que nos falten el respeto ,ya existen leyes a las que se puede uno acoger si existen casos como estos en nuestra familia o fuera de ella ,continue con su trabajo de investigacion que es muy bueno.

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