Somos del pueblo
Cuenta uno de los lectores de Guerrillero, quien además aportó el pie forzado para el desarrollo de estas líneas, que tras una larga cola y horas de espera, alguien salió y explicó que no se iba a vender nada más, que la decisión no estaba en sus manos y que la respuesta la tenían el administrador y el director.
- Escrito por Ariel Torres Amador
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El olor a lácteos saborizados, los globos, los payasos animadores, las confituras baratas, el rechinar de los hierros en su balanceo, las risas o las rodillas raspadas en los parques de diversión, son hoy imágenes, ideas, ilusiones para los niños pinareños, nada más.
Fue precisamente un enfermero quien calmó mi desesperación aquel trágico día.
Hoy recurrimos al mercado en busca de satisfacer necesidades básicas y con ello alcanzar una adecuada calidad de vida. Sin embargo, la red comercial de nuestro país carece de diversidad de proveedores, ofertas y la poca gama de disponibilidad hace que muchas veces el cliente, de manera consciente, adquiera algo que no cubre sus expectativas, pero al menos le sirve de paliativo.
Creo que para todas las personas, el aula de clases en la que hemos pasado gran parte de nuestras vidas como estudiantes, significa uno de esos sitios que recordamos con agrado, nostalgia y puede que hasta con disgusto, pero lo que sí es indiscutible es que el recinto al que asistimos en busca de aprendizajes de todo tipo constituye el principal espacio discursivo en donde tuvimos la oportunidad de decir y comprender lo que otros expresan y, de esta manera, desarrollar nuestras capacidades de comunicación.
“No estoy autorizado a darle esa información!”, “¡Lo que le estoy comentando no es para publicar!”, “¡Necesito que me lo envíe para revisarlo antes de que salga!”.
Tengo la última”. Dijo el adolescente cuando llegó al grupo de amigos, y sin más miramientos mostró a todos las imágenes brutales de las víctimas de un accidente de tránsito. Cuerpos maltrechos, mutilados, contrahechos, desmembrados, aplastados… ¡Daba horror mirar aquello!