La nueva ociosidad desprogramada
Hace algunos años, trabajando en este mismo semanario, traté y tropecé con el tema de los productos ociosos o de lento movimiento y con objetos a los que la obsolescencia –programada o no– les llegó demasiado rápido.
- Escrito por Ariel Torres Amador
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El 13 de agosto es en toda Cuba un día para recordar, pero para Pinar del Río tiene gotas de dolor. El simbolismo es un término que encierra en sí mucha mística. Existe en todas partes: en las palabras, en las imágenes, en los gestos, en la música, pero sobre todo en las fechas históricas.
Hay que ponerse las pilas, como se dice en buen cubano, para aprender inglés. Los ánimos saltaron por el aire cuando hace dos años el Ministerio de Educación Superior (MES) anunció que era requisito indispensable saber comunicarse como “usuario independiente” en este idioma, para graduarse de la universidad.
Quiero agradecerle a quien me ayudó siempre que la necesité, alguien especial como profesora y persona. Aunque no te pueda ver te llevaré siempre en mi corazón, como te lo prometí. Besos grandes para ti”. Esta dedicatoria de una alumna a su profesora me la encontré en la red social Facebook hace solos unos días; la muchacha posaba con su título en la mano de graduada en Licenciatura en Educación en la especialidad de Español y Literatura. Al lado, otra foto con la educadora y otras alumnas del grupo. Los criterios enaltecían a la profesora Milagros Páez.
La instrucción de los hijos es hoy fuente de preocupación para muchos padres, porque a pesar de las voluntades, de las políticas, de las estrategias, de los programas y prioridades concedidas e implementadas estatalmente para fortalecer el sector educacional, es frecuente escuchar anécdotas en las que prevalecen ejemplos negativos que dañan la imagen de los profesionales de este ámbito.
Rosy se llama la señora que hace la limpieza en Guerrillero. Hace poco coincidimos en la misma mesa durante el almuerzo y me contó, consternada, que habían cortado unos árboles lindantes con la calle Alameda.
En los últimos tiempos, creo que son pocos los pinareños que no hayan sufrido los sucesos en una parada de ómnibus al salir o regresar del trabajo, una especie de “Odisea”, como refieren unos; “estresante”, exclaman otros, mientras la totalidad se refugia en mirar una y otra vez el reloj como si ello acelerara la posibilidad de llegar al destino planeado.