Actualizado 14 / 11 / 2018

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Más años, más alternativas

Yolanda Molina PerezClaudina lo dice todo el tiempo: “Tengo las rodillas malas”, le duelen y aunque el hijo y la nuera quieren permutar el apartamento en que viven en una cuarta planta, no encuentran opciones sin tener que realizar un rembolso. Sus salarios no les permiten las cantidades que demandan, así que el universo de la anciana se va achicando y las dolencias ganan espacio en el cuerpo.

 

Juanita

Susana Rodriguez OrtegaConozco a Juana Salgado Cruz desde mi infancia. Ya entonces era viejecita y leve como una rama seca o como un avión de papel, movido por el viento a su antojo; por eso nadie le decía ni le dice Juana, que es un nombre muy pesado y no le va bien, en cambio, la llaman Juanita:

–¡Ey, Juanita, esta noche hay espectáculo en el “Milanés”!, le avisa un conocido uno de esos días en que la caminadora desanda la avenida José Martí.

Deshumanización galopante

Yurina PiñeiroVenía con capacidad en su interior para transportar otros pasajeros, y Silvia decidió sacar la mano con la esperanza de una “botella”.

Ella sabía que las respuestas a su pedido podían ser disímiles: un gesto que le indicara que iba en sentido contrario, que el vehículo presentaba roturas, incluso que “venía lleno”. ¿Qué ocurrió? En ese instante Silvia sufrió, una vez más, en carne propia, la impotencia que provoca el ser ignorado: el chofer y la copiloto, que por cierto la conocía, ni siquiera se inmutaron.

Memorias de marzo triste

Susana Rodriguez OrtegaYo no me quito mi gabardina”, había anunciado el pinareño Evelio Prieto minutos antes de subir al camión rojo, tipo furgoneta, de entrega de recados a domicilio con el rótulo Fast Delivery; pero el calor asfixiante lo obligó a quedarse en mangas de camisa.

“No quiero que me la echen a perder llenándomela de huecos”, se justificó, medio en broma, con sus compañeros que viajaban apretujados unos contra otros en la más absoluta oscuridad, riendo a ratos o tensando los dedos fríos y sudados sobre el mango de los fusiles.

De la bendición a la tragedia emocional

Heidy Perez BarreraAunque parezca irracional, ha sido una constante a lo largo de los años escuchar en voz de las propias madres, “yo no paro más”, “parir es lo último del mundo”, “lo que yo pasé en el parto es inhumano; hicieron que me reventara para al final hacerme cesárea”, “tuve que aguantar sola”... sin duda, un tema que significa una película de terror no solo para quienes lo han vivido, sino para quienes sueñan con la maternidad como el más sagrado de los privilegios que otorga la naturaleza.

Clase de Ramona

yuliet calanaEn la Primaria, las auxiliares solían dividirnos en dos filas y mandarnos a cogerle la mano al compañero del lado. En mi aula había un niño, Luisito, tan negro como la noche más cerrada. Todos los días de escuela yo rezaba para que no me tocara él, porque creía que soltaba una especie de tinta oscura que me mancharía mi blanca mano. En una reunión de padres, la maestra le dijo a mi mamá que era una niña buena, que solo tenía ese “problemita”.

Red 2.0

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