El valor del tiempo
Este tema lo encontré en una oficina cualquiera, un lunes o un martes, justo a las nueve de la mañana o a las cuatro de la tarde; da igual, la hora de la reunión.
- Escrito por Anelys Alberto Peña
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Este tema lo encontré en una oficina cualquiera, un lunes o un martes, justo a las nueve de la mañana o a las cuatro de la tarde; da igual, la hora de la reunión.
Ya no soy un niño. Eso es obvio a mis treinta y tantos. Camino a las puertas de los cuaren...ta como dijera mi hermano, me cuesta entender que ya no soy el de antes, que ya no soy el mismo.
Un grupo de adolescentes y jóvenes juegan en la calle. Es domingo en la tarde. Los gritos y la algarabía reinan y conspiran en contra de la tranquilidad que algunos prefieren para dormir o ver películas. La pelota se escapa y da contra los cristales de la ventana de una de las casas. La dueña de la vivienda sale molesta y regaña a los involucrados.
Una bulliciosa ovación, alguien que conduce el show o muchos, otros que se animan a mirar y, al final pocos comprenden la dimensión del espectáculo. El artista embriagado por el éxito, sonríe y acepta los aplausos como si fueran sinceros.
A pesar de mis constantes bromas para con mis amistades más cercanas me considero una persona muy seria. Desando las calles siempre con un tono malhumorado, pero es solo apariencia. Y quizás por ser calvo, cuando me afeito la cabeza y me permito dejarme un “chivo” pronunciado hay quienes dicen que tengo hasta cara de maleante.
Estamos en primavera, pero el verano está ahí... siempre con sus acompañantes, diversos, positivos o negativos, todo depende de nosotros.
Creo que hablar de matrimonio es un tema “contagioso” y más cuando recientemente alguien lo hizo. En cuestiones de un año, tres de mis amigas se casaron y otras están en planes, y en mi casa, a promedio de cuatro veces por semana, se pone el mismo tema de conversación, pareciera que todos conjuraran para que la próxima boda sea la mía, pero, ¿será que los que anhelan casamiento saben a ciencia cierta lo que esto implica?
-Un grupo de adolescente y jóvenes juegan en la calle. Es domingo en la tarde. Los gritos y la algarabía reinan y conspiran en contra de la tranquilidad que algunos prefieren para dormir o ver películas. La pelota se escapa y da contra los cristales de la ventana de una de las casas. La dueña de la vivienda sale molesta y regaña a los involucrados.
Yo me peino de memoria. Lo escribo, y recuerdo a mi amigo Juan Ángel Cardi, impetuoso humorista que cierta vez lo declaró refiriéndose a que yo no necesito espejo y hasta puedo prescindir del peine. Porque soy como dice el refrán que pintan la ocasión: calvo.
Me la he encontrado muchas veces. Y aunque no pudiera decir que le simpatizo, pues ella no hace migas con nadie, sí aseguraría que la conozco bastante bien, quizás lo suficiente para llamarla sin escrúpulos por el nombre que merece, y retarla a comparecer frente a la justicia y al sentido común.
