El hombre de la casa
“Tun, tun tun”, “tun, tun, tun”. Sonaban los golpes en la puerta delantera de la casa. Alguien llamaba incesante. Entonces una voz masculina respondió como un trueno desde el fondo de la misma: – ¡Ya vaaaa, un momento! –
- Escrito por Ariel Torres Amador
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Una amiga me comenta que su hijo “bebe y fuma”, como si fuese una maldición, le pregunto si trabaja y su respuesta afirmativa, la acompaña de otros detalles que son virtudes, como que es buen obrero, que la ayuda económicamente y responsable con las tareas domésticas que comparten porque viven solos.
Pinar del Río, 2017. Sube y baja la calle, una vidriera repleta, una cola, ¿qué sacaron?, el calor, ladrillos, dulce de leche, una grúa, semáforos, constructores, el parque, congrí recién sazonado, banderas, taladros, pintura fresca. Vida, ese es el sabor de Vueltabajo hoy.
Después que me desmonto de la guagua, el tramo que tengo que recorrer para llegar a mi casa no tiene desperdicio. Es como una carrera con obstáculos, en la que tengo que ir sorteándolos todos y cada uno si quiero llegar a la meta.
Las buenas noticias avivan la memoria; regresan los recuerdos y se agolpan, porque algunos quieren salir primero, por eso pido disculpas por dos razones: por el uso indebido de la primera persona –en la crónica que de por sí lo es– o porque no alcance a cumplir la expectativa a que aspiran los lectores.
Un grupo de adolescentes y jóvenes juegan en la calle. Es domingo en la tarde. Los gritos y la algarabía reinan y conspiran en contra de la tranquilidad que algunos prefieren para dormir o ver películas. La pelota se escapa y da contra los cristales de la ventana de una de las casas. La dueña de la vivienda sale molesta y regaña a los involucrados.