¡Horrores a la vista!
Del tema se ha hablado poco a mi entender, pues el problema no es tal a la vista de nadie. De hecho, es tan cotidiano y familiar que la atención hacia el asunto es superflua e intrascendente.
- Escrito por Ariel Torres Amador
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Siempre he pensado en Cupido como una criatura desajustada en el plano emocional. Muchas veces impuntual; excesivamente impulsivo y con una autocomplaciente irresponsabilidad no compatible con la delicada labor que realiza. A veces me pregunto por qué se empeña en ir flechando a los humanos de manera independiente, dejando locamente enamorada a una persona y en absoluto desinterés a la otra. Y la gente sufre; se revuelve en el dolor más retorcido y oscuro, mientras Cupido sonríe divertido, pernicioso.
Una amiga me comenta que su hijo “bebe y fuma”, como si fuese una maldición, le pregunto si trabaja y su respuesta afirmativa, la acompaña de otros detalles que son virtudes, como que es buen obrero, que la ayuda económicamente y responsable con las tareas domésticas que comparten porque viven solos.
Pinar del Río, 2017. Sube y baja la calle, una vidriera repleta, una cola, ¿qué sacaron?, el calor, ladrillos, dulce de leche, una grúa, semáforos, constructores, el parque, congrí recién sazonado, banderas, taladros, pintura fresca. Vida, ese es el sabor de Vueltabajo hoy.
Después que me desmonto de la guagua, el tramo que tengo que recorrer para llegar a mi casa no tiene desperdicio. Es como una carrera con obstáculos, en la que tengo que ir sorteándolos todos y cada uno si quiero llegar a la meta.
Las buenas noticias avivan la memoria; regresan los recuerdos y se agolpan, porque algunos quieren salir primero, por eso pido disculpas por dos razones: por el uso indebido de la primera persona –en la crónica que de por sí lo es– o porque no alcance a cumplir la expectativa a que aspiran los lectores.