Más allá de los callejeros
«Si tienes hombres que excluyan a alguna de las criaturas de Dios del refugio de la compasión y la pena, tendrás hombres que interactuarán de igual modo con sus semejantes humanos».
San Francisco de Asís
- Escrito por Yolanda Molina Pérez
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Andrés Inocente Delgado Bravo se presenta con naturalidad, dice que a su nombre le sobra el «Andrés» y todos en el pueblo de La Palma le conocen por el segundo; incluso algunos, los más allegados, le llaman «Tente» con una mezcla de cariño, admiración y respeto.
A los periodistas las ideas y las parrafadas nos surgen en los lugares menos esperados: en la cola del pollo, dormidos en una guagua tras la jornada laboral, bajando la avenida Martí o simplemente cuando algo golpea nuestra vista e irrumpe en el cerebro sin permiso, trayendo consigo oleadas de frases cortas que deberán completarse con urgencia.
La frase «Hasta que me cojan», está de moda en la ciudad de Pinar del Río y los ilegales se pasean a la vista de todos con los precios de los productos agrícolas adulterados, a pesar de las regulaciones estatales desde hace casi un mes.
No sé sus nombres, tampoco el número de circulación de la moto, solo que desde cierta distancia una mujer me llamó y al aproximarme para saber de qué se trataba, me dijo: «Es para que mi esposo te de botella».
Mi tía suele contar que en sus etapas de bachiller y de universitaria la virtud del colectivo estudiantil era tan elevada que con frecuencia les aplicaban las famosas Pruebas de la dignidad o exámenes no vigilados.
Joven, mulato, trabajador de la construcción. Solo por su apariencia, sin ir más lejos, cualquiera lo tildaría de tipo rudo, incapaz de una palabra amable o de un gesto cortés. Fue el último en subirse al ómnibus aquella mañana de viernes, insoportablemente calurosa.